sábado, 11 de febrero de 2017

Lecturas del día, sábado, 11 de febrero. Poema "Está llorando Dios..." de Francisco Garfias. Breve comentario

Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (3,9-24):

El Señor Dios llamó al hombre y le dijo: «Dónde estás?». Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». El Señor Dios le replicó: «Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí». El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?». La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí».
El Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».
A la mujer le dijo:
«Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará».
A Adán le dijo:
«Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Comerás el pan con sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás».
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió. Y el Señor Dios dijo: «He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre». El Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 89,2.3-4.5-6.12-13

R/.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio San Marcos (8,1-10):

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos». Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?». Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete». Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor

Poema:
"Está llorando Dios..." de Francisco Garfias

Está llorando Dios, está llorando.
Sobre el pecho del astro gime y gime.
Es llanto de agua amarga que redime,
maná que nunca acaba, dando y dando.

Un mar, puesto de pie, va levantando.
¡Ay, líquido Tabor, cuajo sublime!
Sobre la sed del hombre que se exime
su Gólgota de lágrimas va alzando.

Está llorando Dios. En la pelea
de sal y de cristales que me triza,
voy flexible, en deshoje, gravitando...

Siento el golpe de amor de su marea;
me levanta, me hiende, me eterniza...
Y está llorando Dios, está llorando.

Breve comentario 

En la primera lectura, en la que se narra el descubrimiento de Dios de la traición de la primera pareja humana, aparece la imagen del Señor que castiga a los que no obedecen sus mandatos; castigo implacable y eterno, sin remisión posible. En el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, sin embargo, el Señor se muestra compasivo ("Siento compasión de la gente"). En ambos casos es el mismo Dios. El amor sabe castigar y sabe perdonar, sabe corregir y sabe consolar. En ambos casos no sería abusivo decir, con el poeta, que Dios está llorando.

Nuestras caídas no le dejan indiferente. No somos hijos de un Padre impersonal o distante; tampoco de uno rencoroso ni vengativo, que lleva cuenta de todas y cada una de nuestras faltas. Nuestra existencia nace del amor de Dios, de su espíritu expansivo propio del mismo. Y participando de ese amor, tendemos a Él de forma esencial como eje de nuestra naturaleza. Pero nuestra libertad, mal empleada, en vez de rendir el servicio por Dios deseado, puede alejarnos de sus designios. Cuando ello ocurre, el castigo, la corrección son necesarios. Pero el amor de Dios está presto a ayudarnos para volver por el camino de la verdad, y a esperarnos. Así, aquella multitud hambrienta es consolada por el Señor en este bellísimo milagro, trasunto de su futura entrega eucarística, en que será Él mismo quien nos dé de comer de su carne. Y también para siempre, como la expulsión del Paraíso a Adán y Eva. La misericordia del Señor, para aquel que no la rechaza, es "maná que nunca acaba, dando y dando."

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.