jueves, 1 de septiembre de 2016

Lecturas del día, jueves, 1 de septiembre. Poema "Sumiso a tu palabra" de Alfonso Albalá

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,18-23):

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 23,1-2.3-4ab.5-6

R/.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,1-11):

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor
 
Poema:
Sumiso a tu palabra de Alfonso Albalá
 
Llamado estoy, Señor, a la armonía,
desde este barro Alfonso, sumidero
de mi afanoso izar, en tu madero,
mi corazón altivo, todavía.
 
Morder siempre tu Verbo, con mi encía;
desde el principio, ya con mi asidero,
desde la tierra madre hacia tu alero,
a comulgar tu voz en romería.
 
Comulgar de tu pan y de tu vino,
ser yo tu vino y pan, mi Dios lejano,
ser mástil de tu sed, y, de camino,
 
comulgar la canción de aquella mano
donde tu tacto empieza, donde el lino
de tu vellón me llaga, Cristo hermano.  

miércoles, 31 de agosto de 2016

Lecturas del día, miércoles, 31 de agosto. Poema "Dios sangrante" de Lanza del Vasto. Breve comentario

Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,1-9):

Hermanos, no pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Por eso os alimenté con leche, no con comida, porque no estabais para más. Por supuesto, tampoco ahora, que seguís los instintos carnales. Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los instintos carnales y que procedéis según lo humano. Cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no estáis procediendo según lo humano? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Ministros que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios. El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,12-13.14-15.20-21

R/.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

Desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,38-44):

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor

Poema:
Dios sangrante de Lanza del Vasto 

Cual fruto en la tinaja triturado
Mantenednos alegres, Dios sangrante,
Embriáganos con vino de alegría
Ataviados de blanco en tu banquete.

O como al árbol vestido de gloria,
Ceñidos de verdor y centelleantes
De brisa y gritos de ave, danos de beber
En tu cáliz, Dios sangrante.

En los torrentes del corazón como un pez,
En los torrentes de la sangre, irradia, Dios de alegría,
Y para que más claro brote nuestro son
Golpéanos con tu mano que fulmina.

Ni pan ni paz, sólo tus tres clavos,
Oh sangrante Cristo que danzas en la cruz
Como el fuego que incendiará todo,
Excepto tu palabra en la que creo.

Breve comentario

El pasaje del evangelio de hoy, como el de ayer, trata de lo mismo: curaciones. La enfermedad es un desorden del organismo y/o de la mente. Y como todo desorden, fuente de sufrimiento y un modo en que la muerte se expresa y aparece en la vida. Si hacemos una lectura rápida, parece que la enfermedad es algo propio de enfermos o de endemoniados. Para quien está o se siente sano, este pasaje podría verlo con cierta distancia, más allá del reconocimiento explícito de la omnipotencia del Señor frente a todo tipo de males. Pero resulta que la salud se refiere a otra dimensión más abarcativa. El hombre no es un organismo simplemente; ni siquiera es un organismo animado, con alma: es un ser en relación; en relación con Dios, en primer lugar, y en relación con el mundo. Y es aquí donde el desorden, la maldad o incluso el demonio puede hacer acto de presencia, aun entre los cuerpos y los espíritus más recios.

Y también el Señor puede con estos males más, por decirlo así, sinuosos, pero por ello mismo más fatídicos que los fácilmente reconocibles. Es más, este es uno de los terrenos predilectos del maligno: gente sana, robusta, cumplidora son vehículos de una maldad que puede ser infinita. Bueno, infinita, nunca, como bien nos recuerda estos pasajes: Dios siempre vence al desorden que provoca el mal. 

Por ello, es tan adecuado al evangelio de hoy, la primera lectura, la exhortación de Pablo al pueblo de Corinto. Se habla allí ya de las primeras divisiones que se daban entre los fieles. Huelga decir que las divisiones no sólo continúan desde entonces, sino que ya antes las hubo (la primera, la de Adán y Eva en el paraíso, al seguir al falso pastor en forma de serpiente), y, por supuesto, después. Hoy, por desgracia, nos llamamos cristianos, seguidores de Cristo, multitudes que poseen una doctrina y una imagen del Mesías de lo más diverso. Satanás vive feliz con estas disensiones profundas: cuanta mayor sea la división, mayor su efecto pernicioso, el desorden que provoca en las almas. Tampoco resultan mejores algunas unidades provocadas por malos pastores dentro del gran rebaño católico. También el mal se adueña de la apariencia de bien. Con todo esto tenemos que lidiar, y pedir al Padre su asistencia espiritual, la paciencia, el ánimo, sin jamás renunciar a su seguimiento a pesar de todas las divisiones o perniciosas unidades.

Y cuando suframos todas estas cruces que parecen alejarnos de Dios, al contrario, aferrámonos a ellas justamente para contrarrestar el efecto centrífugo del vértigo que provoca la acción y la contemplación del mal que se sufre. Hago mías las palabras de este poeta que, aunque influido por espiritualidades hinduistas, supo abrir su corazón a la verdad del Dios sufriente en la cruz, fuente de todo nuestro gozo, más allá de las iniquidades del maligno. Hago mías sus intensas palabras:

"Cual fruto en la tinaja triturado
Mantenednos alegres, Dios sangrante,
Embriáganos con vino de alegría
Ataviados de blanco en tu banquete.
(...) 
Ni pan ni paz, sólo tus tres clavos,
Oh sangrante Cristo que danzas en la cruz
Como el fuego que incendiará todo,
Excepto tu palabra en la que creo."  

lunes, 29 de agosto de 2016

Lecturas del día, lunes, 29 de agosto. Poema "De un muerto puesto a prueba soy testigo..." de Enrique Azcoaga

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (1,17-19):

En aquellos días, recibí esta palabra del Señor: «Cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 70,1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17

R/.
Mi boca contará tu auxilio

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R/.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú, Dios mío,
líbrame de la mano perversa. R/.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R/.

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,17-29):

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Palabra del Señor
 
Poema:
"De un muerto puesto a prueba soy testigo..." de Enrique Azcoaga
 
De un muerto puesto a prueba soy testigo.
La vida a muerte tengo condenada.
Por muerto, Dios es sólo mi alborada.
Por vivo, en Dios me encuentro y me consigo.
 
Memoria de la muerte, no persigo
vivir en el olvido de mi nada,
ni estimo otra razón que la labrada
en la condena viva que bendigo.
 
Vivo para librarme la esperanza
por siempre de su sombra, de su espanto,
a vida o muerte en duelo confiado.
 
Labro bajo su asedio la alabanza
perpetua de mi sangre o de mi canto,
deseoso de morir resucitado.  

domingo, 28 de agosto de 2016

Lecturas del día, domingo, 28 de agosto. Poema "Un tren sobre la tierra" de Antonio Gamoneda. Breve comentario


Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (3,17-18.20.28-29):

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes. No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es brote de mala planta. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 67,4-5ac.6-7ab.10-11

R/.
Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor;
su nombre es el Señor. R/.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.

Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (12,18-19.22-24a):

Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-14):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Palabra del Señor

Poema:
Un tren sobre la tierra de Antonio Gamoneda

Voy en el tren hacia mi casa.

Los cabellos ásperos de mi madre
están rodeando su rostro sobre la almohada
y su viejo cuerpo ha caído en el sueño.


Cuando yo encienda la bombilla, ella
dará un grito de espanto y amor
y en la habitación habrá una gran luz amarilla
en la que viviremos abrazados.


Ahora voy en el tren
y en el departamento hay cuatro seres humanos.
 

Bajo el número cuarenta y cuatro,
una mujer hinchada de tristeza.


Bajo el número cuarenta y cinco,
un viejo arde en su mirada roja.


Bajo el número cuarenta y siete,
un hombre duerme con un gran capazo.


La ventana es una lámina negra.
 

Vuelvo a mirar hacia mis compañeros:
 

la mujer respira muy dulcemente;
el aire sale de su corazón.


El viejo cierra la mirada y duerme.
 

El hombre saca de comer, despacio.

Ahora estamos en paz en el departamento.
Yo me siento ir hacia mi casa
y cada uno siente que se aleja o que vuelve.


El tren avanza bajo la noche
y vamos juntos atravesando la tierra.

Breve comentario
  
Los consejos que da Jesús para colocarse ante una mesa de invitados son de sentido común. Sentándose en los últimos lugares, nunca se falla; pues o bien te colocan en mejor sitio o quedas en el que ya estás. También es bueno preguntar al anfitrión dónde sentarse, antes de decidir por nosotros mismos. Invitar a quien jamás podrá devolverte el favor ya no es algo tan evidente o tan común en los comportamientos sociales habituales. A mí me ha ocurrido que me invitaban a su casa (y fueron varias veces) con la condición no escrita de que yo a su vez no les invitara a ellos. La invitación era en este caso un ejercicio de orgullo, de ostentación, y mi invitación era entendida no como como un agradecimiento por mi parte, sino como una forma de ponerme a su nivel, cosa que la vanidad y la envidia de aquellos no podían consentir. Y es que también las invitaciones las puede cargar el diablo. 

Pero en la parábola del evangelio quien invita es Dios; allí no hay orgullo, sino lo contrario: gracia pura. Y a la gracia, ¿cómo respondemos? No merecemos nada de Dios, y si de algo nos hacemos acreedores es de que nos mande a hacer gárgaras. Pero hay una cosa importante en esto del orgullo y la humildad que quisiera resaltar: el orgulloso está marcado por el signo de la soledad; el humilde, por el de la presencia del otro. El orgulloso se vive a sí mismo en soledad, frente al mundo, como debiendo conquistar un lugar que no le es reconocido en principio. Por ello, el vanidoso siempre busca el reconocimiento, el aplauso, el que noten su presencia, colocarse en los primeros lugares. El humilde, en cambio, pasa su vida con la conciencia clara de que vive entre los demás, que los demás son importantes porque simplemente son, y que su vida es estar entre ellos. El humilde no desea destacar, sino que se preocupa del otro en el sentido de que lo considera valioso en sí mismo. El humilde, aun viviendo en condiciones de extrema soledad, tiene siempre al otro en cuenta; el orgulloso, aun siendo el centro de todas las miradas y el amigo de todos, siempre se vive en soledad, pues el otro es una mera palanca para su reconocimiento personal.

El poema elegido es especialmente adecuado a esta reflexión. La escena se desarrolla en un vagón de tren, en el departamento no sé si de tercera, pero desde luego no en coche-cama: El viaje es nocturno. Monotonía, cansancio...; casi podríamos imaginarnos el traqueteo del tren en su avance insomne. El poeta pasa a describir a los pasajeros que le acompañan, gente extremadamente sencilla. Cada uno en su asiento debidamente numerado (no había tampoco capacidad de elegir dónde sentarse; a no ser que entre los pasajeros se pusieran de acuerdo para cambiarse de lugar). El poeta se dirige hacia su casa donde le espera dormida su madre (se supone que llegará a su destino de madrugada). Nada sabe de los demás, si van o vienen, simplemente les describe en su aspecto, con realismo, pero también con cariño. Y es que los viajes en tren, sobre todo en los de antes, los más modestos, en los viejos expresos que tardaban horas y horas en llegar a destino, se solía desarrollar esa sorda camaradería, un poco triste, pero también genuina, una tangible humildad, que refuerza la idea que describía más arriba, y con la que se finaliza el poema de un modo humildemente magnífico: "y vamos juntos atravesando la tierra." 

sábado, 27 de agosto de 2016

Lecturas del día, sábado, 27 de agosto. Poema "Hablando claro" de Carlos Murciano. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,26-31):

Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así –como dice la Escritura– «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32

R/.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán; ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas, allí será el llanto y el rechinar de dientes."»

Palabra del Señor

Poema:
Hablando claro de Carlos Murciano

Las cosas claras, Dios, las cosas claras.
¿Acaso te pedí que me nacieras,
que de dos voluntades verdaderas,
de barro y llanto, Dios, me levantaras?

¿Acaso te pedí que me dejaras
en mitad de la calle -en las aceras
se apiñaba la vida- y que te fueras
y que con tu desdén me atropellaras?

Palabra que no sé por lo que peco.
Palabra que procuro, mas en vano,
llenar tu hueco, rellenar mi hueco.

Pero soy nada más Carlos Murciano.
Ni hombre ni nada, Dios; sólo un muñeco
que se mueve en la palma de tu mano.

Breve comentario

Rompamos una lanza por el empleado del único talento. ¿Quién no se ha quejado alguna vez a Dios o al destino por las circunstancias penosas de la vida que le ha tocado vivir? ¿O quién no ha envidiado alguna vez las capacidades de otros que uno no posee? Aunque censurable, es muy humana la actitud de ese empleado ¿desfavorecido? Dios nos pide sólo lo que le podamos dar; para que ello sea posible Él nos ha provisto de los instrumentos necesarios. Nunca nos pedirá aquello que nos supere. Por ello los talentos dados y los réditos conseguidos coinciden en cantidad: al que se le dió cinco, rentó cinco; al que se le dió dos, rentó dos. Pero al que se le dió uno, y que el Señor esperaba un rédito de uno (no de dos, de cinco o de diez), no le devolvió más que el talento dado. ¿Por qué esta mezquindad del empleado? Porque en su falta de valoración por el Señor, tampoco podía valorar lo que pudiera proceder de Él: aunque le hubiera dado ciento, en nada lo habría estimado, y le devolvería al Señor lo recibido como algo que no merecía la pena el menor esfuerzo: no se puede dar cuando no se sabe recibir.

Dios quiere que demos fruto; para eso nos ha dado el ser. No pasamos por esta vida como si fuéramos meros animales para cumplir el ciclo biológico (nacer, crecer, reproducirse y morir), sino para que trasparezca en nuestra vida la misión de reflejar el amor de Dios que nos habita. Para ello debemos tener conciencia del amor que Dios nos tiene, del infinito valor de su entrega y de la perfección que de Él procede. Así, podemos conseguir de mil modos y en mil grados esa tarea de hacer crecer, de reflejar su amor a los hombres, precisamente en virtud de los dones que nos ha concedido. Desde la mujer que ama a su marido y a sus hijos dedicándose al cuidado de la familia hasta el que es llamado a ser el sucesor de Pedro, todas las gradaciones imaginables son posibles para reflejar la verdad de Dios que nos habita. Y las envidias, dejémoslas a un lado, pues todos estamos en el mismo barco y remando en la misma dirección. Qué bien, pues, que el que sea más fuerte haga avanzar más la nave. Dios no nos quiere iguales ni repetidos, porque el Amor siempre es exuberante en su bondad e infinito en su riqueza, y admite y desea que las respuestas al mismo reflejen su condición ubérrima.

viernes, 26 de agosto de 2016

Lecturas del día, viernes, 26 de agosto. Poema "Plegaria" de Adelardo López de Ayala. Breve comentario

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,17-25):

No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo, judíos o griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32

R/.
La misericordia del Señor llena la tierra

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos,
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Palabra del Señor
 
Poema:
Plegaria de Adelardo López de Ayala
 
¡Dame, Señor, la firme voluntad,
compañera y sostén de la virtud;
la que sabe en el golfo hallar quietud
y en medio de las sombras claridad;


la que trueca en tesón la veleidad
y el ocio en perenal solicitud,
y las ásperas fiebres en salud,
y los torpes engaños en verdad!


Y así conseguirá mi corazón
que los favores que a tu amor debí,
te ofrezcan fruto en galardón…


Y aún tú, Señor, conseguirás así
que no llegue a romper mi confusión
la imagen tuya que pusiste en mí.

 
Breve comentario
 
De nuevo se incide en el mismo tema que en el pasaje evangélico de ayer: la necesidad de mantenernos alerta o despiertos. ¿Qué significa este mandato concretamente? Se suele interpretar en estos pasajes, y con acierto, el hecho de que la muerte puede sorprendernos en cualquier momento, por lo que debemos estar preparados para estar en gracia de Dios y evitar comparecer ante Él portando en nuestra alma pecados no confesados y, por tanto, no perdonados. Esto, como digo, es una interpretación acertada. Pero es una interpetación demasiado acotada, pues muertes hay muchas a lo largo de toda la vida, y la alerta o, mejor dicho, la fidelidad, debe en consecuencia ser una actitud cotidiana, usual, diríamos, constante.

Porque no sólo morimos físicamente al final de nuestras vidas, sino cuando nuestras múltiples debilidades nos alejan de Dios. Así, la fiel espera o la actitud vigilante no sólo debe reflejarse en acudir al confesionario: no podemos pasarnos la vida en él, ¡y menos porque temamos morirnos en cualquier momento! Y pecar porque podemos confesarnos es una de las peores muertes, y una forma de no esperar al Señor, de ser necio sin luces. Sin caer en voluntarismos, hay que pedirle al Señor, como nos recuerda el poeta, la fortaleza de ánimo, de voluntad, y la identidad de fines con los de Él, para vivir la espera como quien realmente quiere agradar a quien ama. Las doncellas quieren estar despiertas y alumbrar la entrada del Señor en sus almas porque lo aman. Pero quien sólo espera sin ver que toda la vida es esperanza, se aburre, se duerme, no prevé las dificultades (el paso del tiempo, el fin del aceite de las lámparas...): se distrae. Hay que vivir esperando a Dios en cada cosa, en cada momento del día, para poder vivir de la espera, para vivir con ilusión, con luz, con dicha. Así, la espera será una forma de alegría, de expectativa jubilosa, como cuando los amantes separados recrean en su imaginación el encuentro futuro.

jueves, 25 de agosto de 2016

Lecturas del día, jueves, 25 de agosto. Poema "¿Cuándo vendrá la muerte?" de Diego de Torres Villarroel

Primera lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,1-9):

Yo Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,2-3.4-5.6-7

R/.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R/.

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R/.

Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor
 
Poema:
¿Cuándo vendrá la muerte? de Diego de Torres Villarroel
 
¿Cuándo vendrá la muerte? No sabemos.
¿El cómo y el lugar? Ni en conjetura.
¿El detener su curso? ¡Qué locura!

Sólo es cierto y de fe que fallecemos.

Pues, ¿cómo la amenaza no tememos
del Criador de toda criatura?
Deseche la maldad nuestra cordura 

y el viaje del alma preparemos.

La muerte, aunque parece que se esconde,
cada momento nos está acechando;

dejémosla que siga y que nos ronde.

Ella va y viene, y nos está esperando,
y ya que nos oculta cómo y dónde,
estemos prontos para siempre y cuándo.  

martes, 23 de agosto de 2016

Lecturas del día, martes, 23 de agosto. "Ante la ley" (prosa) de Franz Kafka

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,1-3a.14-17):

Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima. Que nadie en modo alguno os desoriente. Dios os llamó por medio del Evangelio que predicamos, para que sea vuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta. Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerzas para toda clase de palabras y de obras buenas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,10.11-12a.12b-13

R/.
Llega el Señor a regir la tierra

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos. R/.

Aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,23-26):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.»

Palabra del Señor
 
Ante la ley de Franz Kafka 
 
Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Lecturas del día, lunes, 22 de agosto, santa María Virgen, Reina. Poema "La visitadora" de Antonio Murciano

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (9,1-3.5-6):

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz.» Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 112,1-2.3-4.5-6.7-8

R/.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor
 
Poema:
La visitadora de Antonio Murciano 

Era Belén y era Noche buena la noche.
Apenas si la puerta crujiera cuando entrara.
Era una mujer seca, harapienta y oscura
con la frente de arrugas y la espalda curvada.


Venía sucia de barro, de polvo de caminos.
La iluminó la luna, y no tenía sombra.
Tembló María al verla; la mula no, ni el buey,
rumiando paja y heno igual que si tal cosa.


Tenía los cabellos largos color ceniza,
color de mucho tiempo, color de viento antiguo;
en sus ojos se abría la primera mirada,
y cada paso era tan lento como un siglo.
 

Temió María al verla acercarse a la cuna.
En sus manos de tierra, ¡oh Dios!, ¿qué llevaría…?
Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente
y le ofreció la cosa que llevaba escondida.


La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.
¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!
El Niño la miraba. También la mula. El buey
mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.


Era en Belén y era Noche buena la noche.
Apenas si la puerta crujió cuando se iba.
María al conocerla gritó y la llamó: «¡Madre!»
Eva miró a la Virgen y la llamó: «¡Bendita!»


¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!
Afuera aún era pura, dura la nieve y fría.
Dentro, al fin, Dios dormido, sonreía teniendo,
entre sus dedos niños la manzana mordida.

domingo, 21 de agosto de 2016

Lecturas del día, domingo, 21 de agosto. Poema "El reclinatorio" de Pilar Paz Pasamar. Breve comentario


Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (66,18-21):

Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén –dice el Señor–, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas» –dice el Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 116,1.2

R/.
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (12,5-7.11-13):

Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.» Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

Palabra de Dios

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,22-30):

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, lsaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Palabra del Señor

Poema:
El reclinatorio de Pilar Paz Pasamar 

¿Quién colocó mentira sobre el suelo
para las descansadas bienvenidas?
¿Para qué fe sin luz ansias mullidas
arropan al dolor con terciopelo?


Quien cabalgue amargura vaya a pelo
con las roncas espuelas doloridas,
fluyéndole la sangre por las bridas
sobre las ancas de la bestia en celo.


De rodillas aquellos los que ignoren
que pueden encontrarte en una rosa
o en la terrible soledad espesa...


Que es muy fácil, Señor, que aquí te lloren
con una bienvenida presurosa
y la sangre rotundamente ilesa. 


Breve comentario

Obtener la gracia de la salvación del Señor puede ser algo muy arduo, incluso casi imposible; o al contrario, una de las tareas más sencillas. Depende, en verdad, de nosotros, de cómo vivimos, de cómo somos en relación a la Verdad, de lo que vayamos haciendo en nuestra existencia. Haciendo y creyendo, por supuesto, pues ni sólo fe, ni sólo obras.

Sin embargo, en el pasaje evangélico de hoy como en la carta a los Hebreos parece que nos advierte no tanto sobre la dificultad de ser salvos, como de la posición que vamos adoptando en nuestra vida, sobre cómo amamos, cómo seguimos a Cristo. Y aquí, sí, las cosas parecen que se ponen feas. Resulta que la puerta de la salvación es muy estrecha, y la de la perdición, sin embargo, enorme. ¿Es así verdaderamente? Como es obvio, es una figura metafórica para que entendamos que es muy fácil perdernos cuando perdemos la referencia de las cosas elementales que nos exige Cristo. Lo elemental, en general, es aquello que es fácilmente entendible y que puede ser puesto en práctica con suma facilidad. Sin embargo, el hombre puede perder de vista la sencillez que Dios nos pide. Así, con suma facilidad también nos complicamos la vida, y complicándonosla, nos perdemos irremisiblemente.

¿Por qué, si el amor de Dios es una realidad sencilla para la que estamos hechos, nos perdemos tanto? Bueno, hay muchos estímulos que distraen. La humildad tiene mala prensa hoy día; parece que es algo poco satisfactorio. En general, en todo tiempo, ha sido y es sumamente gratificante fomentar todas las formas del egoísmo, en el sentido estricto del término, del culto al ego. Ayer se hablaba de la hipocresía de los fariseos con su aparatosa vestimenta y sus actitudes. Hoy la hipocresía cambia de aspecto y de formas, pero es la misma de siempre. La poeta en su composición nos recuerda una época ya desaparecida en que la beatería (no confundir con la beatitud), reflejada en el reclinatorio, escondía toda la miseria humana. Bueno, en aquella época al menos se guardaban las formas. Hoy la miseria humana se esconde en unas chanclas o en una indumentaria playera. Hoy mismo la iglesia a la que suelo acudir sólo le faltaban las sombrillas, la arena y el mar. ...Con el tiempo, todo se andará... La ignorancia o la soberbia humana alcanza tales grados que aquellos que orgullosamente se mostraban ante el sacrificio de la misa con semejantes andrajos eran los mismos que luego hacen de anderos con capirotes o dirigiendo el paso del Cristo en procesión vestidos con impecables trajes, inmaculadas camisas almidonadas y sedosas corbatas (como diría nuestro D. Antonio Machado: "¡aquel trueno!/vestido de nazareno"). Lo sencillo se perdió, en efecto: es más importante la procesión que el sacrificio de la misa donde Dios vuelve a entregarse en su forma sacramentada. Pero, ¿qué importa? Y lo que es peor ¿a quién le importa? El hipócrita, el miserable a secas, se siente seguro de... ¿su fe? Bueno, sí, de su fe... en sí mismo.

No hay ninguna duda sobre qué significa iniquidad, maldad, injusticia en la referencia de este pasaje del evangelio. Al menos, para una conciencia recta. O siquiera "elemental", es decir, aquella que aún no ha perdido del todo el referente de lo que es bueno y malo.

Y en cuanto a la corrección de la que se habla en la carta a los Hebreos es una evidencia que casi da rubor tener que explicar. Lo haré contando una pequeña historia. Temo que es de mi servicio militar. Pido disculpas por ello; intentaré por todos los medios ser breve y no resultar pesado. No importa el lugar y los años que han pasado (bastantes), y mucho menos dar nombres. Por lo demás, los nombres de los malos, los olvidé todos; el de los buenos, los recuerdo hasta con los dos apellidos, como sus rostros y su tono de voz, como si los viera ahora mismo ante mis ojos.

Hice la mili completa en lo que se llamaba un CIR (Centro de Instrucción de Reclutas). Era un lugar en el que la mayoría de los militares profesionales y los de reemplazo eran instructores, aquellos que se dedicaban a enseñar a desfilar a los reclutas, a manejar las armas, a desmontarlas, a saber disparar, a enseñarles rudimentos de combate, etc. Por fortuna, no me asignaron a esas funciones, sino que me destinaron a lo que se llamaba la US, la Unidad de Servicios, que para entendernos éramos los de mantenimiento. Mantenimiento militar, por supuesto, es decir, que como los instructores hacíamos guardias, retenes, imaginarias, cabos cuarteles (el que lo fuera, y yo lo fui -y bastantes veces para mi desgracia-), fusileros en las juras de bandera, prácticas de tiro, extinción de incendios... De lo único que estábamos dispensados era de hacer marchas y de los ejercicios de supervivencia que los instructores realizaban cuando no había reclutas en el campamento, en los períodos que mediaban entre la jura de un reemplazo y la llegada del siguiente. Bien, pues en este lugar había un puesto muy goloso por los réditos económicos que se obtenían de él: ser Capitán de cocina. Este cargo, de duración mensual, era rotatorio, entre los tenientes y capitanes del campamento, y su función básicamente no era otra que hacerse cargo de la cocina: comprar con cargo a los presupuestos asignados todo lo referente a esta sección (alimentos, utensilios de cocina y de limpieza, mantenimiento de las instalaciones, etc.). Lo atractivo del cargo era precisamente los presupuestos que se manejaban y a lo que se destinaban. Lo diré con muy poquitas palabras para que se me entienda todo: el Capitán de cocina solía gastarse una cantidad ínfima de los presupuestos en comprar comida y en demás gastos necesarios, pero en las facturas se reflejaba lo contrario. Huelga decir que el Capitán de cocina en ese mes se compraba coche nuevo, hacía un gran viaje en las vacaciones, remozaba su residencia a fondo o enjoyaba a su mujer. Esto era un secreto a voces, lo sabían todos, del coronel (máxima autoridad) para abajo, todos sin excepción; la tropa también, por supuesto. La consecuencia fue que, a pesar de contar con un presupuesto magnífico por soldado en comida, lo cierto es que lo que llegaba a los ranchos era pura mierda (yo, como muchos, adelgacé trece kilos en dos meses, y no sólo por el ejercicio físico; cuando aprendí a comer la porquería sin demasiado asco -las lechugas de las ensaladas se movían solas en las fuentes, infestadas de bichos-, y con los suplementos que debía comprar en el pueblo, me recuperé algo). No hice la mili en la posguerra; fue a mediados de los ochenta en Cataluña. España no vivía en la escasez. La moraleja por la que cuento todo este rollo reside en que sólo durante tres meses comimos con lo presupuestado oficialmente. En esos tres maravillosos meses, casi nadie salía al pueblo a cenar en las horas de paseo: la comida del rancho era excelente (carne de ternera de la mejor calidad, verduras con un sabor magnífico -sin bichos, por supuesto-, pescado variado y muy bien preparado, postres de ensueño para nosotros -dulces, tartas, brazos gitanos, helados...-). ¿Y quién hizo el milagro de la multiplicación de los panes y los peces en aquel lugar? Pues tres magníficos y jóvenes capitanes de academia. Pero tenían mala fama: eran muy estrictos en el cumplimiento de las ordenanzas. Cuando alguno metía la pata y era Jefe de día (el jefe de la vigilancia del campamento durante un día) uno de estos capitanes, sabía exactamente lo que le caía encima: el reglamento sin paliativos ni excusas. A nadie ante ellos se le ocurría pensar en justificarse: teníamos claro que debíamos asumir la responsabilidad por el acto cometido. Sin embargo, cuando el soldado poseía la suficiente madurez para entender este rigor, los capitanes (sobre todo, dos de ellos, pues el otro era de un carácter digamos más seco) mostraban su confianza hacia la tropa, siempre dentro de la distancia que obliga estas relaciones entre la oficialidad y sus subordinados. Implacables con los bobos, y un buen jefe con la gente seria a su cargo. Mi carácter militar es perfectamente descriptible, pero después de catorce meses de convivencia puedo decir que, a las órdenes de estos tres oficiales, me iría al fin del mundo a combatir hasta dar la vida. Muchos años después supe por casualidad que uno de ellos era coronel con posibilidades para ascender al generalato. Y ahora relean la carta a los Hebreos. ¿Les queda clara la relación con esta historia de militares?

Recen por mi parroquia, que le hace falta, porque están como pollo sin cabeza. Y, me temo, que como ellas tantas otras y lo que no son parroquias sólo.

sábado, 20 de agosto de 2016

Lecturas del día, sábado, 20 de agosto. Poema "Jehová enterrado, Satán muerto..." de E.E. Cummings. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (43,1-7a):

En aquellos días, el ángel me condujo a la puerta oriental: vi la gloria del Dios de Israel que venia de oriente, con estruendo de aguas caudalosas: la tierra reflejó su gloria. La visión que tuve era como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar. Y caí rostro en tierra. La gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental. Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior. La gloria del Señor llenaba el templo.
Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo –el hombre seguía a mi lado–, y me decía: «Hijo de Adán, éste es el sitio de mi trono, el sitio de las plantas de mis pies, donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 84,9ab.10.11-12.13-14

R/.
La gloria del Señor habitará en nuestra tierra

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Díos anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. »
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor

Poema:
"Jehová enterrado, Satán muerto..." de E.E. Cummings

Jehová enterrado, Satán muerto,
los medrosos adoran lo mucho y lo rápido;
no sintiendo lo malo como malo,
la mansedumbre pasa por bondad;
obedece dice Toc, sométete dice Tic;
la Eternidad es un Plan Quinquenal:
si la Alegría y el Dolor están en la casa de empeños,
¿quién se atreverá a llamarse hombre?

bribones sin sueños avanzan saciados de sombras,
Fulano es Mengano y Mengano es Zutano;
mientras los chismes asesinan, gritan y suman,
el culto a lo igual es lo más chic;
con instrumentos nuevos,
se mide precisamente lo nuevo:
si para besar el micrófono el Judío se hace marrano,
¿quién se atreverá a llamarse hombre?

los mentirosos invocan a gritos la Verdad,
los esclavos dan taconazos pidiendo Libertad;
donde los Necios son santos, locos los poetas,
chillan los ilustres ilusos del Progreso;
cuando se proscriben las Almas, enferman los corazones,
con corazones enfermos las mentes no pueden nada:
si el Odio es un juego y el Amor un coito,
¿quién se atreverá a llamarse hombre?

Cristo Rey, este mundo hace agua por todas partes;
y no hay salvavidas:
sólo puede caminar sobre las olas
Aquel que se atreve a llamarse hombre.

"Jehovah buried, Satan dead..."

Jehovah buried, Satan dead,
do fearers worship Much and Quick;
badness not being felt as bad,
itself thinks goodness what is meek;
obey says toc, submit says tic,
Eternity's a Five Year Plan:
if Joy with Pain shall hand in hock
who dares to call himself a man?

go dreamless knaves on Shadows fed,
your Harry's Tom, your Tom is Dick;
while Gadgets murder squack and add,
the cult of Same is all the chic;
by instruments, both span and spic,
are justly measured Spic and Span:
to kiss the mike if Jew turn kike
who dares to call himself a man?

loudly for Truth have liars pled, click;
where Boobs are holy, poets mad,
illustrious punks of Progress shriek;
when Souls are outlawed, Hearts are sick,
Hearts being sick, Minds nothing can:
if Hate's a game and Love's a fuck
who dares to call himself a man?

King Christ, this world is all aleak;
and life preservers there are none:
and waves which only He may walk
Who dares to call Himself a man.

Breve comentario

En esta ocasión cedo este pequeño espacio a un sencillo y excelente comentario de otra persona. Quién mejor que un pastor para comentar las palabras del evangelio de hoy. Se trata de un pastor claretiano, Fernando Torres cmf. Les dejo con sus palabras que pueden leer en este enlace: