viernes, 19 de agosto de 2016

Lecturas del día, viernes, 19 de agosto. Poema "De Profundis" de Dámaso Alonso. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (37,1-14):

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.
Me preguntó: «Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?»
Yo respondí: «Señor, tú lo sabes.»
Él me dijo: «Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor."»
Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.
Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así lo dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan."»
Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.
Y me dijo: «Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados." Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago."» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 106,2-3.4-5.6-7.8-9

R/.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur, oriente y occidente. R/.

Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida. R/.

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad habitada. R/.

Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes. R/.

Evangelio de mañana

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo: «"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor

Poema:
De Profundis de Dámaso Alonso

Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso que fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al príncipe
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre,
mírame,
Yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie compra
y donde casi ni escarban las gallinas.
Pero te amo,
pero te amo frenéticamente.
¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
deja que me pudra hasta la entraña,
que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser,
para que un día sea mantillo de tus huertos! - See more at: http://trianarts.com/damaso-alonso-de-profundis/#sthash.WxY5lG0O.dpuf
Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi [pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso que [fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al [príncipe,
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre,
mírame,
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie compra,
y donde casi ni escarban las gallinas.
Pero te amo,
pero te amo frenéticamente.
¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
deja que me pudra hasta la entraña,
que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser,
para que un día sea mantillo de tus huertos!


Breve comentario

El amor del que habla Dios sólo puede nacer de la humildad. La humildad supone una realidad esencial para que tal entrega del corazón pueda darse: significa la superación de todo obstáculo entre el corazón del hombre y Dios, el factor que libera el camino de nuestra salvación, que depende de la gracia de Dios, pero que precisa de nuestra capacidad de entrega. Y desde la humildad ya podemos amar, dicho en lenguaje castizo, lo que nos echen: al cónyuge a veces un tanto insoportable, al enemigo que nos odia con rencor siciliano, al débil en su fortaleza, al fuerte en su impotencia, al que pide, al que busca, al ateo, a la chica que me sonríe cuando no debería, y a la que no me sonríe cuando debería, al que va en pantalón bermudas a comulgar después de acudir a la confesión para seguir pecando, al que utiliza un sacramento para sus intereses personales (contra alguien, a favor de alguien)... 

Por poemas como el de arriba, el bueno de D. Dámaso fue acusado de escribir una literatura tremendista, como tantos otros escritores coetáneos, de los cuales Cela con su ...Pascual Duarte tal vez sea el más renombrado. Eran los años cuarenta en España, la de la inmediata posguerra, época recia donde las hubiera, que exigía unas dosis de elaboración de ingentes cantidades de dolor. La realidad menos amable le saltaba a la cara a cualquiera entonces. Más allá de discusiones literarias, es cierto que este poeta gustaba del énfasis y la reiteración como mecanismos preferentes para reflejar el eje de lo que quería transmitir. Y lo conseguía de una forma magistral ("Mujer con alcuza", otro poema del mismo libro -Hijos de la ira (1944)-, tal vez sea uno de los mejores que se ha escrito nunca en nuestro idioma y, en general, en la literatura universal). Tremendista o no el poema expresa con toda intensidad esa humildad que se precisa para ofrecerse a Dios sin reservas. Sólo sabiendo lo que somos podemos amar. Y ante Dios no somos nada. E insisto, una vez anonadados, estaremos llenos del Espíritu Santo para cumplir la voluntad del Señor que no es otra que amar como Él nos amó.

La humildad tiene un cierto origen común al de la fe. Por así decir nace de un movimiento de la voluntad a entregarse a algo que es estimado como bueno. Esa estimación no radica tanto en una certeza obtenida por un conocimiento racional, sino por una realidad que es vivida como buena, como un objeto que nos hace bien, y en consecuencia nos atrae. Ante lo bueno la naturaleza humana tiende a hacerse sencilla, pequeña, niña, confiada: a entregarse, en definitiva. Cuando uno se siente atraído por algo bueno, tiende el ser humano, por decirlo de algún modo, a ablandarse, a enternecerse, a ensimismarse en la contemplación de lo amado. Eso nos puede pasar con una persona, con una obra de arte, con un poema, con un paisaje... Asimismo sucede en la dirección inversa, cuando estamos ante lo horrible, lo malo, lo dañino, tendemos a endurecernos, a sacar las garras, a defendernos de la dureza ajena endureciéndonos nosotros, no contemplando lo repulsivo, sino dándole la espalda, y si no nos queda más remedio que mirarlo de frente, lo hacemos con mirada penetrante y a los ojos. Hay otros orígenes de la humildad (una vida de sufrimientos, una debilidad congénita... -Mt 19,12-), pero siempre obedece al mecanismo descrito más arriba.

Sí, hasta la putrefacción es una creación de Dios perfectamente necesaria. Y se puede desear ser o reconocerse menos que nada por amor a Dios, para ser pisado por Dios. No hay masoquismo alguno en esto: es el extremo de la entrega incondicional que proviene de conocer el infinito regalo que Dios nos hace a nosotros amándonos, y evoca pálidamente el anonadamiento por amor de Cristo en la cruz, de Cristo niño en Belén, de Cristo en el vientre de María. Ser abono, excremento, lo último por amor a Dios es mucho, y es algo querido por Dios, porque supone lo que Él tanto desea y busca en el corazón de los hombres a los que ama: "un corazón contrito y humillado" (Sal 51). Sólo desde ahí el amor es posible.
Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso que fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al príncipe
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre,
mírame,
Yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie compra
y donde casi ni escarban las gallinas.
Pero te amo,
pero te amo frenéticamente.
¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
deja que me pudra hasta la entraña,
que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser,
para que un día sea mantillo de tus huertos! - See more at: http://trianarts.com/damaso-alonso-de-profundis/#sthash.WxY5lG0O.dpuf

jueves, 18 de agosto de 2016

Lecturas del día, jueves, 18 de agosto. Poema "Lugares del encuentro" de Ernestina de Champourcin. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (36,23-28):

Así dice el Señor: «Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor –oráculo del Señor–, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,12-13.14-15.18-19

R/.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará de todas vuestras inmundicias


Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor

Poema:
Lugares del encuentro de Ernestina de Champourcin
 
                         (Primer lugar: combate)

Hay un camino estrecho. 
¿Encogerse, escapar? 
Posible nacimiento
hacia un ser diferente 
o este luchar eterno 
que nos deja agotados,
sin rumbo ni deseos.
Lugar de la batalla.
Ir hacia el punto extremo
o jugárselo todo
hasta quedar maltrecho,
pero nunca vencido.
Lugar del gozo eterno.
Para llegar a él,
quemarse hasta los huesos.

                         (Segundo lugar: inquietud)

Desazón y cansancio.
La sombra del camino 
invita a ir dormitando,
a quebrar una rama, 
a quedarse varado
a orillas de una fuente,
a caminar despacio
sin el brío primero.
No te estés descuidado,
Señor, si me detengo.
Arráncame del vago
ensueño que me acecha
y devuélveme al largo 
sendero que me lleva 
al lugar codiciado.

Breve comentario

Hoy Dios nos invita a un gran banquete de bodas. En la boda se hermanan, por voluntad divina, la humanidad con su Señor: Dios quiere salvar a todas sus criaturas. Y nos busca con sus emisarios allá donde vivimos. ¿Y cómo respondemos? Bueno, los primeros hombres elegidos, los judíos, no muy bien. Aún hoy se resisten a creer en la venida del Mesías hace dos mil años. Ante tal resistencia, aquellos hombres que rechazaron su llamada y el reconocimiento de Dios al que esperaban, sufrieron todo tipo de penalidades (y aún las sufren). Y ante tal resistencia, Dios decide abrir el campo de su plan salvífico a toda la humanidad, con independencia de su origen, nacionalidad, cultura... Así, nos llama a todos. ¿Y cómo respondemos? Que cada uno vea. 

En la parábola, acuden al banquete al final todo tipo de gentes, después de haber castigado a los primeros convidados que rechazaron la invitación de Dios. Y, en principio, todos son aceptados de buen grado por haber acudido. Sin embargo, hay un comensal que es un caso peculiar. Buscado por los caminos e invitado al banquete, acude; pero acude de cualquier manera: sin el debido respeto, vestido como lo haría en un día cualquiera. Esto habla de que esta persona no entendía la condición de excepcionalidad de aquel evento, y la gracia concedida al ser invitado al mismo. Es más, el rey (Dios) le pregunta directamente la causa de su desatención, y se permite no contestarle. Está claro que aquel sujeto no era mejor que los primeros que rechazaron la invitación: venía a gozar de la fiesta sin poner nada de su parte, siquiera una mera deferencia en el vestir ante el privilegio que el rey le concede sin él merecerlo.  En consecuencia, se hace acreedor del mismo castigo que aquellos.

¿Por qué hizo esto aquel comensal? ¿Qué tipo de rechazo significa su actitud? ¿Un puro egoísmo de lo más primario ("Me dan de comer gratis y de lo mejor, y además en un ambiente de lujo")? ¿A quién puede representar? He leído y escuchado que esta persona acude al banquete triste, y esta tristeza, profundamente inadecuada a la situación, resulta pecaminosa; es equivalente a decir que el amor de Dios que está sintiendo le decepciona. No sé hasta qué punto esta forma de verlo es la más adecuada, pues es imposible mantener tristeza alguna cuando se está gozando de la presencia del Señor (cuando el Señor se presenta lo único que se experimenta, además del estupor inicial, es el goce más excelso); a no ser que sobrentendamos que este comensal acude sin saber que está ante el rey. Y la parábola no deja lugar a dudas de que sabía quién le invitaba. Sentir tristeza en tal situación no cuadra con la naturaleza humana en una relación de plenitud con Dios. Abundando en lo que afirmé más arriba, la interpretación más sencilla es la más evidente: la falta de respeto. Este hombre vendría a representar a aquel que, ya sea por vanidad, ignorancia, narcisismo o cualquier otro motivo, antepone su individualidad al ofrecimiento amoroso con que un otro le agasaja, siendo ese otro nada menos que el rey. Hay personas así, ciertamente, que sienten que todo les es debido, hasta el amor gratuito de Dios. En este sentido la ofensa es de dimensiones brutales: uno se pone delante de Dios con la actitud del acreedor que exige la deuda vencida. ¿Por qué alguien se va a vestir mejor para otro, si éste sólo le ofrece lo que le es debido? La actitud del comensal mal vestido frente a Dios es la de aquel que espera ser servido por Él, o servirse de Él, y no servirle a Él, o en este caso, agradecer el don de la invitación no merecida.

Lo dicho, que cada uno vea con qué respeto se acerca a lo más sagrado. Vamos mal vestidos ante la fiesta a la que el Señor nos invita no sólo cuando acudimos con pantalones cortos o chanclas, o con las espaldas desnudas y diminutas minifaldas o enormes escotes (que también), sino cuando acudimos a comulgar con pecados capitales no perdonados o sintiéndose orgulloso de los veniales cometidos o de la infinidad de faltas y ofensas en las que gozosamente incurrimos como respiramos, sin el menor escrúpulo. Vamos mal vestidos cuando acudimos al sacramento de la confesión para justificarnos ante Dios, cuando utilizamos este sacramento para apoyar a un cura, o sin manifestar el menor propósito de enmienda o no siendo sinceros en la revelación de nuestros pecados. Vamos mal vestidos cuando acudimos a misa por costumbre, porque siempre se ha hecho así, aunque realmente ya apenas creemos, aunque sólo practicamos en lo de acudir a misa y en nada más. Vamos mal vestidos cuando creemos al acudir a misa que soy mejor que aquel que no va, o con la idea de que Dios me quiere aunque peque, aunque no asuma la moral católica, o aunque sólo asuma dicha moral y el amor al prójimo me quede muy lejos. Vamos pésimamente vestidos, aun llevando amito, alba, cíngulo, casulla, estola, cuando las homilías están presididas por las bajas pasiones (la envidia, el rencor, la egolatría, etc)... Así de desastrados podemos ir ante el Señor con chanclas o con gemelos dorados en los puños. Que cada uno vea cómo se sienta ante la mesa del Señor.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Lecturas del día, miércoles, 17 de agosto. Poema "¡El cura!" de José Luis Martín Descalzo. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (34,1-11):

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza, diciéndoles: "¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas, y las ovejas no las apacentáis. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis a las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase, siguiendo su rastro. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: '¡Lo juro por mi vida! –oráculo del Señor–. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. Así dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentarse a si mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar. Así dice el Señor Dios: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro."»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/.
El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (20,1-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra del Señor

Poema:
¡El cura! de José Luis Martín Descalzo 

Yo soy, yo soy. Mirad: esta es mi carne,
estos mis huesos, esta mi palabra,
esta mi voz como un caballo ardiendo.
¿Qué tienen de distinto mis entrañas
y las vuestras? ¿Qué sangre me alimenta
que no pase por vuestras propias venas?
Yo soy el desterrado, soy el prófugo,
el leproso, el extraño, el enemigo.
Yo soy el comediante, el que predica
por oficio y gana con latines
el pedazo de pan que le alimenta.
¿Qué perro como yo? En vuestras calles
sólo cuchillos veo en las miradas;
os quiero hablar y siento
que mi lengua es distinta de la vuestra
y que llamáis hipócritas mis lágrimas.
Yo soy el aguafiestas, el que estorba
ya siempre y por oficio,
el hombre que ha enterrado las caricias
bajo las hondas bóvedas del alma.
Soy el enterrador de vuestra sangre,
el espantajo negro de la muerte,
el coco de palabras cavernosas
que suenan a novísimos e infierno.

Este soy. Este mismo
que está luchando ahora con las lágrimas
porque quisiera ser y no está siendo,
porque quisiera amar y casi odia,
porque siente que el alma se le rompe
al pronunciar esta palabra: hermano.
Porque sabe que os ama, porque llora
palabras de verdad, porque ha nacido
con un corazón niño entre los dedos.

Este soy. Este niño
que ahora está soñando en los jardines,
que ríe a los chiquillos, que sería
feliz corriendo tras las mariposas,
que siento se me escapa de las manos
para buscar inquietas lagartijas.

Es verdad. Es verdad. Soy el extraño,
el hipócrita, el hombre que no ama,
que no ha tenido madre, que no sabe
sonreír porque tiene seca el alma,
el hombre que quería destruir
en tres días el templo.
Rasgaos ante mí las vestiduras
una vez más. Porque os estoy amando.
Porque estoy abrumado de delitos,
porque hoy he llorado y he reído
al pensar que mañana -sí, mañana-,
cuando huelan a Dios aún mis manos,
las vendrán a besar unos chiquillos.

Breve comentario

...Ay, los pastores... Las tres lecturas litúrgicas tratan sobre ellos. Parece que es una constante de la debilidad humana no ser capaces de dar la medida de lo que somos. Ayer el profeta Ezequiel acusaba de forma implacable a un reyezuelo por envanecerse hasta el punto de considerarse un dios, algo por lo demás repetido no pocas veces a lo largo de la historia. Hoy, el mismo profeta acusa con no menor rigor a los pastores de Israel que hacen dejación de su misión de guiar al pueblo hacia Dios, para abandonarse a sus indignidades y miserias humanas. En cierta ocasión, un feligrés ya anciano, organista desde hacía más de cuarenta años en la misma parroquia, me hizo una confesión que no por evidente me sorprendió menos en un joven converso como era yo entonces. Un tanto confuso ante las manifiestas limitaciones (por decirlo así) que presentaba cierto cura, me dijo desde su amplia experiencia y conocimiento de muchos de ellos: "Los curas son hombres como cualquiera." Y es cierto.

Pero la función que ejercen, su vocación, no es como cualquier otra. Nadie tiene como misión expresa y obligación única traer o hacer presente a la vida de los hombres a Dios, con todas las prerrogativas de autoridad que la ordenación les concede. Es cierto que como en cualquier profesión hay curas excelentes, buenos, regulares, malos y pésimos; ya digo, como abogados, médicos, ingenieros o fontaneros. La especialísima función del sacerdote, del pastor de almas, hace que el beneficio de su tarea sea incomparablemente superior al de cualquier otro "profesional" (hablemos así para entendernos); pero, del mismo modo, el perjuicio que puede acarrear un mal pastor o un pastor que deja de serlo para pastorearse a sí mismo a costa de los feligreses, o que ya ha dejado de creer en que él pueda ser guía para nadie, también son de dimensiones inconmensurables, pues así como puede acercar a Dios a los hombres, lo puede alejar. Nada más triste que un sacerdote obstáculo; nada más gozoso que un sacerdote intermediario. Recuerdo una vez que estuve hospedado en cierto hotel cuyo servicio de cocina era realmente bueno, pero el servicio de mesa resultaba espantoso. Como le dije al maître: "Lástima que entre la cocina y los clientes se interpongan ustedes." Parafraseando la famosa despedida de los amantes en la película Casablanca, siempre nos quedará Jesús, el pastor que nunca falla, como nos recuerda el salmo de hoy.

En su descargo vaya que hoy ser pastor de almas es posiblemente la tarea más difícil que quepa imaginar, dado que el hombre de nuestro tiempo cree sinceramente que no necesitamos ser pastoreados, pues cada uno ya se basta con su autónoma y libérrima voluntad y criterio; ni mucho menos se creen necesitados de salvación o de limpiar sus culpas. Y todo ello sin mencionar el sentimiento anticlerical muy extendido. Ni siquiera al alma o a Dios mismo se le concede entidad alguna.

Sin embargo, el hombre está más necesitado que nunca de una justicia de misericordia, no simplemente humana. La justicia humana no pastorea: simplemente aplica una ley que se dan los hombres a sí mismos, si viven en democracia (y hasta esto es muy discutible, pero dejémoslo aquí), o que el tirano de turno ha impuesto con mejor o peor criterio. El propietario de las tierras que se describe en el evangelio se comporta como un pastor, como un padre, no como tal propietario, empresario o patrono (lo de "emprendedor" es una broma de mal gusto, pues en la vida cualquiera emprendemos muchas cosas por las que no cobramos nada -nada material, me refiero-). No paga en función del tiempo trabajado, sino que el salario se recibe por haber acudido a su llamada (o a su "oferta de empleo"). Siempre se me han dado muy mal las entrevistas de trabajo: nunca he conseguido convencer de mis aptitudes, bien porque mi currículum no las refleja, bien porque no se pueden demostrar documentalmente, bien porque ya tengo demasiados años y mi pelo es también demasiado gris, bien porque mi "perfil" (que llaman) no se adecúa al suyo... Me aplican la justicia humana. Nadie nos conoce realmente, y por unos papeles o por la falta de ellos nos valoran. Dios no es así; Dios acepta a quien acude a Él, Dios nos conoce como el Padre que es de todos nosotros. Y nos paga lo mismo a todos con independencia de nuestras peculiaridades, pues nos ama. Se trata de amor y de amar, esa es nuestra tarea, y no de perfiles ni de currículos de imposible satisfacción. Eso es ser un buen pastor.

Recemos por los pastores siempre, necesitadísimos todos ellos de nuestras oraciones, pues su misión es la más importante que ningún hombre pueda ostentar en esta vida. Y que Dios nos conceda paciencia y comprensión con la debilidad humana, primero la nuestra, y muy en especial la de los pastores, pues siendo hombres como cualquiera, se convierten en demasiadas ocasiones como "el más cualquiera" de los hombres. Del poema, escrito por un conocido sacerdote en su momento, me quedo con sus versos finales:

"Porque os estoy amando.
Porque estoy abrumado de delitos,
porque hoy he llorado y he reído
al pensar que mañana -sí, mañana-,
cuando huelan a Dios aún mis manos,
las vendrán a besar unos chiquillos."

Que incluso los peores pastores tengan más satisfacciones espirituales que el beso en la mano de unos chiquillos. Cuidándolos, tal vez se vuelvan mejores, pues para pastorear se necesita tener fe y esperanza, y ser caritativos con sus errores. Es posible así que ellos no se pierdan y estén a la altura de su nobilísimo cometido. Y no nos pierdan a nosotros. 

martes, 16 de agosto de 2016

Lecturas del día, martes, 16 de agosto. Poema "Inspiración y gracia" de José María Pemán. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (28,1-10)

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, di al príncipe de Tiro: "Así dice el Señor: Se hinchó tu corazón, y dijiste: 'Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar', tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses. ¡Si eres más sabio que Daniel!; ningún enigma se te resiste. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción. Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses, por eso traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desenvainarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor. Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar. Tú, que eres hombre y no dios, ¿osarás decir: 'Soy Dios', delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen? Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho."» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Dt 32,26-27ab.27cd-28.30.35cd-36ab

R/.
Yo doy la muerte y la vida

Yo pensaba: «Voy a dispersarlos
y a borrar su memoria entre los hombres.»
Pero no; que temo la jactancia del enemigo
y la mala interpretación del adversario. R/.

Que diría: «Nuestra mano ha vencido,
no es el Señor quien lo ha hecho.»
Porque son una nación que ha perdido el juicio. R/.

¿Cómo es que uno persigue a mil,
y dos ponen en fuga a diez mil?
¿No es porque su Roca los ha vendido,
porque el Señor los ha entregado? R/.

El día de su perdición se acerca,
y su suerte se apresura.
Porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,23-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»
Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

Palabra del Señor

Poema:
Inspiración y gracia de José María Pemán

Nada hay perfecto en mí, sino las cosas
que son apenas mías:
el relámpago puro,
la centella infinita.
Todo me es dado en gracia:
gracia humana o divina.
La riqueza mejor de mis riquezas
es mi riqueza gratuita.
Riqueza no ganada: plenitud sin esfuerzo.
Maestría
que se me entró desnuda
como el viento o el sol, por las rendijas
mal cerradas del alma; luz robada;
música no aprendida;
rosa de otros jardines
que la mano de Dios, porque Él lo quiso,
puso en mi pecho mientras yo dormía.

Inspiración y Gracia:
todo lo que hay en mí claro y perfecto
vino a mí, sin esfuerzo, en la alegría
del sol de la mañana
cuando yo estaba de rodillas.

Todo, de vuelta, lo encontré en mi mesa:
servido el pan y el agua,
la lámpara encendida…
Nunca salí al encuentro de las cosas:
y las cosas mejores
me fueron concedidas.

¡Señor: yo te bendigo
por todas mis riquezas gratuitas! 
  
Breve comentario

Hay riquezas y riquezas. Están las que se adquieren con esfuerzo, fruto del mérito y la capacidad; y las hay innatas, en las que nuestra voluntad no ha intervenido en grado alguno. También hay riquezas y riquezas según el uso que hacemos de las mismas, y por los efectos que generan en nosotros como personas. Así, hay riquezas cuyos frutos rinden un servicio a los demás, y quien las produce se siente orgulloso de compartir y de ofrecer, obteniendo como principal recompensa el beneficio que genere en los que la reciben. En este tipo de personas, las riquezas les hacen más humildes, más abiertos a los otros. En cambio, hay riquezas cuyo fin principal es acumular el patrimonio de su poseedor, y los efectos en el alma de estos ricos suelen ser la soberbia, la vanidad, el orgullo, el desprecio al otro.

En consecuencia, riqueza y condenación no son sinónimos en absoluto. La riqueza que está libre de toda condenación, y los ricos bendecidos por Dios serán aquellos que saben que, bien su riqueza no procede de ellos, y, por tanto, reconocen su condición de don, de regalo; bien que la ofrecen para servir al bien común. La primera riqueza concedida por Dios es el ser, el hecho de existir, de poder vivir. De ella parten todas las demás. Es cierto que Dios reparte sus dones como quiere, según su Santa Voluntad, y en algunos de forma más que generosa, pero a todos nos cae algo. Se podría decir que nadie se va con las manos vacías en ese celestial reparto de carismas. Incluso en aquellos casos que parecen especialmente desgraciados a ojos humanos (quienes padecen graves enfermedades congénitas, por ejemplo), Dios les concede su personal tesoro.

Lo importante, pues, para Dios no es tanto lo rico que seamos ni la obtención de esa riqueza (siempre que sea por medios no pecaminosos), pues Él sabe de sobra lo que nos ha concedido a cada uno, sino el uso que le damos a ella y la posición humilde u orgullosa que adoptamos con respecto a la misma. Una persona muy inteligente o muy bella podrá conseguir muchos éxitos en función de tales riquezas, pero si se considera superior o especial por las mismas, y las maneja sólo para su beneficio, todos sus éxitos terrenales serán tenidos en nada por el Señor, y su inteligencia o su belleza devendrán en necedad y fealdad insoportables a sus ojos.  

En definitiva, que sepamos ver cada uno cuáles son las riquezas que nos definen, de dónde proceden y qué hacemos con ellas. Con el poeta, estoy de acuerdo que la mejor riqueza es aquella que Dios nos regala. Esta distinción no es exactamente similar a la que las divide en riquezas materiales y espirituales. Si algo es verdaderamente rico siempre es de condición espiritual. En este sentido, alguien muy adinerado, justamente adinerado, puede ser alguien extraordinariamente rico o el más pobre de los hombres.     

lunes, 15 de agosto de 2016

Lecturas del día, lunes, 15 de agosto, Asunción de la Virgen María. Poema "Assumpta est Maria" de Francisco Garfias

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (11,19a;12,1.3-6a.10ab):

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dió a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.
Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 44,10bc.11-12ab.16

R/.
De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R/.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R/.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,20-27a):

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-56):

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.
Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor
 
Poema:
Assumpta est Maria de Francisco Garfias 
 
Vinieron a tu lecho
con aromas de cisto, de algalia,
con nardos olorosos...
Crepitaba la luz sobre las peñas.
Era una luz vivísima,
luz de día primero,
cuando se oyó la voz del Todopoderoso
hablando a la serpiente.
 
Ahora Dios sonreía
mirando a las mujeres que buscaban tu cuerpo.
Y la brisa arañaba los sepulcros.  
Y trizaba la aurora un ángel encendido,
y nadaban los aires vellones de cordero...
 
Nubes, nubes...
Toda una teoría de nubes.
Sobre un barroco cielo,
la Asunción de María.
Subía de la tierra
un clamor hondo de Antífonas y Laúdes.
Enlazaban las aguas
sus voces de cascadas, de espumas y atropellos.
Las fuentes y los lagos y los mares
rompieron sus medidas.
Se salieron de madre las balsas y los ríos.
sacudieron sus hojas los árboles; las piedras
retemblaron, inmóviles, en sus lechos de grama.
Las arterias del aire fluyeron como linfas
y hubo un fragor de vida en la entraña del mundo.
 
¿Cómo fue, Madre mía?
¿Fue un soplo poderoso
o un éxtasis de amor?
¿Fue la mano del Padre, la mano creadora,
la que puso en tus hombros dos alas inmortales?
¿Acaso estabas presa
del fuego inextinguible del Espíritu Santo?
¿Te sonreía el Hijo, redivivo y glorioso?
Sí, Dios te sonreía y te llamaba Reina
mientras que tú ascendías sobre prados de escarcha,
sobre montes nevados y selvas virginales,
entre nubles flotantes, como te vio Eliseo.
 
Germinaba la tierra.
Ya el mundo era Sagrario del Pan sin levadura.
Era grande la vid y colmados los trojes.
El mosto fermentaba en lagares de sangre
cuando tú nos dejaste, Señora, ante la niebla.
Vendrían los apóstoles
buscando en los caminos la huella de tu paso.
Y Tomás, el incrédulo,
miraría por todos los sepulcros.
Pedro estaba ya en Roma, pero te vio entre sueños;
y Juan, acaso en Patmos;
y tal vez por las tierras de Hispania, Santiago...
 
¡Y se sintieron huérfanos de súbito!

Porque tu cuerpo era 
recreación de Dios.
Vuelva la tierra al polvo,
la arcilla se deshaga, pulverice la carne
el viento que naciera de la concupiscencia.
La vida de la Gracia brotaba de tus manos
y tu sangre era un río donde Dios navegara.
La eternidad tu solio.

Sí, como cedro del Líbano,
como ciprés del Monte Sión,
como palma de Cades,
como plantel de rosas de Jericó te alzaste.

Sí, era necesario.
Ibas a ser la Reina sin dejar de ser Madre
como fuiste la Madre sin dejar de ser Virgen.
No podías quedar en el valle de lágrimas...
 
¿Pero qué nube te envolvió?
¿Qué túnica de nieblas, de flores o de plumas?
¿Qué mantos, qué guirnaldas,
qué enjoyados armiños,
qué arrobo de los aires, qué fausto sin palabras,
escala de Jacob, lumbre del mundo?
 
...Y subías, subías,
exaltada de azules,
divinizada en Dios. 

domingo, 14 de agosto de 2016

Lecturas del día, domingo, 14 de agosto. Poema "El alma era lo mismo que una ranita verde" de Dámaso Alonso. Breve comentario



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (38,4-6.8-10):

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: «Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.»
Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.»
Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.»
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: «Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 39,2.3;4.18

R/.
Señor, date prisa en socorrerme

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R/.

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos. R/.

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R/.

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (12,1-4):

Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Palabra de Dios

Evangelio de mañana

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor

Poema:
El alma era lo mismo que una ranita verde de Dámaso Alonso

El alma era lo mismo
que una ranita verde,
largas horas sentada sobre el borde
de un rumoroso
Misisipí.
Desea el agua, y duda. La desea
porque es el elemento para que fue criada,
pero teme
el bramador empuje del caudal,
y, allá en lo oscuro, aún ignorar querría
aquel inmenso hervor
que la puede apartar (ya sin retorno,
hacia el azar sin nombre)
de la ribera dulce, de su costumbre antigua.
Y duda y duda y duda la pobre rana verde.

Y hacia el atardecer,
he aquí que, de pronto,
un estruendo creciente retumba derrumbándose,
y enfurecida salta el agua
sobre sus lindes,
y sube y salta
como si todo el valle fuera
un hontanar hirviente,
y crece y salta
en rompientes enormes,
donde se desmoronan
torres nevadas contra el huracán,
o ascienden, dilatándose
como gigantes flores que se abrieran al viento,
efímeros arcángeles de espuma.
Y sube, y salta, espuma, aire, bramido,
mientras a entrambos lados rueda o huye,
oruga sigilosa o tigre elástico
(fiera, en fin, con la comba del avance)
la lámina de plomo que el ancho valle oprime.

Oh, si llevó las casas, si desraigó los troncos,
si casi horadó montes,
nadie pregunta por las ranas verdes... 


... ¡Ay, Dios,
cómo me has arrastrado,
cómo me has desarraigado,
cómo me llevas
en tu invencible frenesí,
cómo me arrebataste
hacia tu amor!
Yo dudaba.
No, no dudo:
dame tu incógnita aventura,
tu inundación, tu océano,
tu final,
la tromba indefinida de tu mente,
dame tu nombre,
en ti.

Breve comentario

Otra vez se nos presenta el Señor en su vertiente más paradójica. Su mensaje de amor, de perdón, de misericordia, parece transformarse ahora, en medio de su angustia, en una fiebre de cólera, de furor justiciero, casi de venganza. ¿Cabe mayor contradicción? Si nuestra mirada es superficial y nuestro entendimiento vago como nuestra atención, así parece; sin embargo, no existe contradicción alguna. Esa ira evidente que reflejan sus palabras expresa la terrible soledad en la que el Señor se halla en medio de los hombres. Va a entregar su vida del modo más cruel (el bautismo que espera con lógica angustia), y no es que nadie entienda nada: es que incluso los apóstoles por Él elegidos se pierden en la mediocridad de sus humanas preocupaciones e intereses, perdidos en las mezquindades de quienes no saben ver más allá de sí mismos y de las apariencias, perdidos en una absoluta falta de comprensión de la propuesta de amor y redención que Dios les está presentando ante sus ojos.

El amor de Dios es en un mundo como éste, presidido por todas las formas del pecado imaginables, promovido en todos los ámbitos y por todos los actores sociales, políticos e intelectuales, algo radicalmente subversivo, revolucionario a este orden de la oficial y personal degradación humana. Y por ello perseguible, despreciable, y destruible. En creciente marginalidad, el mensaje de Dios está siendo atacado de forma implacable desde hace casi tres siglos en Occidente; y de un modo ya absolutamente abierto y sin ocultación desde los últimos cincuenta años, y creciendo en hostilidad con el paso de los días. Si el Señor se hizo hombre en una época de abyección pagana de dimensiones difícilmente imaginables entonces, dos mil años después, la ira del Señor está aún más justificada hoy, tras siglos y siglos de vigencia de la visión cristiana del mundo en Occidente, cuando nos entregamos a un nuevo paganismo que no reconoce más dios que la voluntad humana desligada de toda dimensión trascendente. Los efectos demoledores de esta mentira atroz lo vemos cada día, en las derivas hacia el abismo de tantas naciones y pueblos ayer cristianos, pero también (y yo diría que sobre todo) en las realidades individuales, en las personas con las que nos encontramos cada día, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc, totalmente perdidos en las mil variedades del vacío, la mentira, el error o la degradación.

Y a este mundo Dios lo debe incendiar, hacerlo pedazos, destruirlo hasta su desaparición completa. Porque la mentira se ha adueñado de toda realidad, ya sea aquella de las grandes decisiones que incumben a todo un país o una civilización, como a las más personales e íntimas, sujetas ambas al poder del mal, a la negación de la verdad que nos constituye. No hay, pues, contradicción alguna: su amor exige la destrucción de aquello que lo mata. Igual que un hombre, un individuo, debe renunciar en su vida al pecado y abrirse a la acción de Dios, lo mismo un país, un continente o la creación entera. Por esto utiliza el Señor el ejemplo más radical por ser lo más íntimo o lo más querido al hombre: la familia. No podemos entender las palabras del Señor en su literalidad, como si despreciase la naturaleza de la familia. Al contrario, porque el mal se ha poseído del corazón de sus integrantes, ya no existen tales familias, sino un conglomerado de intereses y egoísmos. Ese conglomerado ya no cabe llamarlo familia más que por los lazos biológicos. Y ante tal farsa, Dios llama a su destrucción. Hay una ira santa, un celo divino por salvar a los hombres, por abrirles los ojos y el corazón; y ante su resistencia, Dios habla como el justo que combate el mal pertinaz que se resiste a desaparecer. Insisto, no hay contradicción entre una misericordia infinita y un infinito odio al mal que quiere destruir su amor y el plan divino de salvación de los hombres.

El poema de don Dámaso refleja con notable acierto una peculiar forma de vivir pecaminosamente el gran reto de seguir a Cristo. Nuestra alma es como una ranita verde que siente las demandas del Señor atractivas, pero ¡tan duras de seguir, tan exigentes! ¿Qué será de mí?, piensa la ranita verde de nuestra alma ante la imponente marea de Dios (que Dios sabrá adónde me llevará). Sólo soy una ranita, y Dios tan grande, tan poderoso... Mejor seguir en la ribera y ver la atractiva corriente del agua pasar. Sólo cuando un terremoto se desata, la ranita se decide a ser para lo que fue creada: saltar, y saltar sobre todos los obstáculos.

Ojalá que Dios por fin sacuda a fondo este mundo perdido para que todos tomemos el camino de nuestra verdad, aquel por el cual existimos. Sí, que vengan fuego arrasador y división y destrucción de tanta mentira. Y que salte todo para que saltemos por fin hacia el Señor... Como la ranita verde del alma de la que hablaba don Dámaso. 

sábado, 13 de agosto de 2016

Lecturas del día, sábado, 13 de agosto. Poema "La conquista de la inocencia" de Jesús Lizano

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (18,1-10.13b.30-32):

Me vino esta palabra del Señor: «¿Por qué andáis repitiendo este refrán en la tierra de Israel: "Los padres comieron agraces, y los hijos tuvieron dentera?" Por mi vida os juro –oráculo del Señor– que nadie volverá a repetir ese refrán en Israel. Sabedlo: todas las vidas son mías; lo mismo que la vida del padre, es mía la vida del hijo; el que peca es el que morirá. El hombre que es justo, que observa el derecho y la justicia, que no come en los montes, levantando los ojos a los ídolos de Israel, que no profana a la mujer de su prójimo, ni se llega a la mujer en su regla, que no explota, sino que devuelve la prenda empeñada, que no roba, sino que da su pan al hambriento y viste al desnudo, que no presta con usura ni acumula intereses, que aparta la mano de la iniquidad y juzga imparcialmente los delitos, que camina según mis preceptos y guarda mis mandamientos, cumpliéndolos fielmente: ese hombre es justo, y ciertamente vivirá –oráculo del Señor–. Si éste engendra un hijo criminal y homicida, que quebranta alguna de estas prohibiciones ciertamente no vivirá; por haber cometido todas esas abominaciones, morirá ciertamente y será responsable de sus crímenes. Pues bien, casa de Israel, os juzgaré a cada uno según su proceder –oráculo del Señor–. Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos, y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpetrado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues no quiero la muerte de nadie –oráculo del Señor–. ¡Arrepentíos y viviréis!»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,12-13.14-15.18-19

R/.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,13-15):

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban.
Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.»
Les impuso las manos y se marchó de allí.

Palabra del Señor
 
Poema:
La conquista de la inocencia de Jesús Lizano
 
Resulta que soy un niño,
que todo
ha ido haciéndome un niño,
que el sufrimiento y la alegría me han hecho un niño,
que como un niño
todo lo he ido transformando en sueños,
jugando con mis sueños y con mis versos,
resistiendo con ellos,
que contemplar todos los mundos me ha hecho un niño,
que yo iba como todos para ser un hombre
y las fronteras me han hecho un niño,
los fingimientos y los límites:
todo me ha hecho un niño;
que la locura me ha hecho un niño,
verla, palparla,
a través de todos los disfraces y de todas las máscaras,
que el asalto de la razón a todo lo que vive
me ha hecho un niño,
que sorprenderme por todo me ha hecho un niño,
desear un vivir que sobre todo fuera una aventura,
que me ha hecho un niño
el engaño de cuantos han crecido,
que les hacían hombres
las trampas de los dominantes,
que dejas de ser niño cuando te conviertes en dominante,
que el dominio de las abstracciones me ha hecho un niño,
que al parecer eso es ser hombre,
que he preferido ser un niño
para salvar todo lo creativo,
que mi mundo
no es de este reino perdido,
para dar a los sentidos lo que es de los sentidos,
al instinto lo que es del instinto,
que los sueños me han hecho un niño,
que no podía vivir si no era un niño
que me ahogaban las órdenes y las leyes.
Resulta que muchos de los que se hicieron hombres
y no buscaron la inocencia,
al final de sus vidas
recuerdan con nostalgia lo que tuvieron de niño,
porque a ser hombre llaman
vivir en un mundo de dominantes
y sometidos,
que la soledad me ha hecho un niño,
que el darlo todo y el haberlo perdido
me ha hecho un niño,
que he sido un poeta maldito porque soy un niño,
que me ha hecho un niño
ver que lo único importante
es buscar la inocencia entre la astucia,
que cuando he amado
me he convertido en un niño,
que comprender que hay víctimas pero no culpables
me ha hecho un niño,
que por ser un niño
mantengo la ilusión a pesar de los desencantos
y de la sangre derramada
entre las trampas y los mitos,
que ver cómo caemos todos en las innumerables trampas
me ha hecho un niño,
y que de no ser un niño
nunca hubiera nacido en mí la rebeldía,
que es preciso
comenzar a rebelarse a uno mismo,
no seguir la consigna de ser un hombre,
que soy poeta porque conquisto la inocencia
cada vez que abro los ojos y contemplo las cosas,
que a ser niño
es lo único que he aprendido
y porque observo que todos los seres
con el mismo destino:
nacer para la muerte,
no dejan de ser niños:
que un pájaro siempre es un niño,
que un árbol siempre es un niño,
que un perro siempre es un niño.
Y porque pienso qué es un hombre
si deja de ser niño,
que se equivocan las escuelas
que intentan hacernos hombres
prometiéndonos falsos paraísos,
que la anarquía sólo será posible
cuando todos fuéramos niños,
cuando todos partamos
a la conquista de la inocencia,
que escribo este poema
porque resulta que soy un niño…  
 

viernes, 12 de agosto de 2016

Lecturas del día, viernes, 12 de agosto. Poema "Plantas de interior" de Doiraje. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (16,1-15.60.63):

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, denuncia a Jerusalén sus abominaciones, diciendo: "Así dice el Señor: ¡Jerusalén! Eres cananea de casta y de cuna: tu padre era amorreo y tu madre era hitita. Fue así tu alumbramiento: El día en que naciste, no te cortaron el ombligo, no te bañaron ni frotaron con sal, ni te envolvieron en pañales. Nadie se apiadó de ti haciéndote uno de estos menesteres, por compasión, sino que te arrojaron a campo abierto, asqueados de ti, el día en que naciste. Pasando yo a tu lado, te vi chapoteando en tu propia sangre, y te dije mientras yacías en tu sangre: 'Sigue viviendo y crece como brote campestre.' Creciste y te hiciste moza, llegaste a la sazón; tus senos se afirmaron, y el vello te brotó, pero estabas desnuda y en cueros. Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor; extendí sobre ti mi manto para cubrir tu desnudez; te comprometí con juramento, hice alianza contigo –oráculo del Señor– y fuiste mía. Te bañé, te limpié la sangre, y te ungí con aceite. Te vestí de bordado, te calcé de marsopa; te ceñí de lino, te revestí de seda. Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar al cuello. Te puse un anillo en la nariz, pendientes en las orejas y diadema de lujo en la cabeza. Lucías joyas de oro y plata, y vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas guapísima y prosperaste más que una reina. Cundió entre los pueblos la fama de tu belleza, completa con las galas con que te atavié –oráculo del Señor–. Te sentiste segura de tu belleza y, amparada en tu fama, fornicaste y te prostituiste con el primero que pasaba. Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo cuando eras moza y haré contigo una alianza eterna, para que te acuerdes y te sonrojes y no vuelvas a abrir la boca de vergüenza, cuando yo te perdone todo lo que hiciste."» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Is 12,2-3.4bcd.5-6

R/.
Ha cesado tu ira y me has consolado

Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R/.

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R/.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel. » R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,3-12):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?»
Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?»
Él les contestó: «Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora os digo yo que, si uno se divorcia de su mujer –no hablo de impureza– y se casa con otra, comete adulterio.»
Los discípulos le replicaron: «Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse.»
Pero él les dijo: «No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga.»

Palabra del Señor

Poema:
Plantas de interior de Doiraje

                                        I

Desde hace unos años nos acompañan,
a Isabel y a mí,
con su presencia humilde y silente,
unas plantas de interior en nuestra casa.
Ya no recordamos el motivo,
pero sabemos que fueron dos regalos;
quienes nos las ofrecieron se sorprenden
de su longevidad extraordinaria.

No son bellas especialmente, pero
no dejan de ser bonitas, con esa
suave calidez que engalana la estancia.
Tenemos más, pero hablo de aquellas
(son dos)
que están en mi cuarto de estudio, me temo
demasiado austero; anónimas,
dan un toque de vida a mis libros
y papeles. De no ser por ellas,
todo sería un poco más triste aquí.

No conocemos siquiera sus nombres,
a qué especies pertenecen, pero al menos
sabemos cuidarlas.
Exigen poco riego, y las corrientes de aire
les dañan, sólo necesitan algo de luz,
tampoco demasiada. Cuando entra
por la ventana el sol de lleno
debemos bajar las persianas.

Les gusta, mejor dicho, les viene bien
(no olvidemos que son plantas),
que la luz sea matizada, pero no
tan pobre que provoque su muerte. Cuando el día
está cubierto, o simplemente,
cuando no da el sol en la fachada,
abrimos, para que se alimenten,
la persiana.
 
A veces, a Isabel, que es su cuidadora
(yo, para todo, soy un descuidado),
se le olvida regarlas o las deja en la sombra.
Y aún así sobreviven.

Quizá sea esto lo que más me gusta
de ellas, esa mezcla de
fragilidad y fortaleza,
debilidad y resistencia.
Apenas nos piden nada, y no dejan
de acompañarnos humildes y en silencio.
Son tan poca cosa, tan de interior,
tan anónimas,
que no dan flores, ni se les cae la hoja;
se renuevan, sí, pero son cambios
nada espectaculares, modestas, lentas,
siempre verdes.
Quizá por ello duran tanto...

                                          II

Ahora, parándome a mirarlas, me parecen
que nos parecemos, que nos hemos convertido con los años
(quizá lo hayamos sido siempre),
Isabel y yo como estas plantas de interior,
delicadas, frágiles, sí, pero fuertes y siempre
vivas, con apenas cuidados.

Por esto,
porque es una cuestión de vida
o muerte,
mientras nos quede un poco
de luz a ellas y a nosotros,
de esa tenue luz, la que nos gusta, la que nos
viene bien, la luz que nos alimenta,
siempre subiremos las persianas.

Breve comentario

La vida matrimonial es reflejo de nuestra relación con Dios. En ambas se exige fidelidad, compromiso, diálogo, escucha, atención, amor. Y como realidad que es vivida en medio del mundo, sometida a mil presiones y vicisitudes. Así, en ella se dan momentos de plenitud, momentos de serenidad, momentos de comprensión, momentos de crisis y de noche oscura. Exactamente, insisto, como en nuestra vivencia del Señor. Y como en ésta, debemos pasar por todas estas experiencias, para crecer en ellas, para fortalecernos, para no decaer, para constatar cómo nuestro amor es la fuente que nos sostiene y de la cual dependemos, cómo realmente nos hacemos uno en el otro. 

El amor matrimonial no puede ser sólo un mero sentimentalismo, aunque se expresa fundamentalmente de forma afectiva; no puede ser una mera atracción, aunque los cónyuges sean el uno para el otro objeto de deseo (y no sólo de tipo sexual); no puede ser simplemente una relación formal, que obligue a las partes ante la ley que regula el contrato que les liga, aunque no puede existir matrimonio sin compromiso en el tiempo, sujeto a derechos y deberes a respetar y cumplir...; como en nuestra relación de vida con Dios.

El poema que he colgado más arriba habla de mi matrimonio con Isabel, de nuestro compromiso adquirido ante Dios, que rebasa las dos décadas. En todo este tiempo hemos sufrido todo tipo de presiones internas y externas que jugaban a favor de su ruptura, de mantenernos con las persianas sempiternamente bajadas (algo que fue mucho más que un símbolo en nuestras vidas); no pocas de ellas presiones fundamentales, poderosas. Isabel y yo hemos resistido con la gracia de Dios a todas ellas, y tenemos la esperanza fundada de resistir las que vengan. Si hemos superado las que ya nos han acaecido, sentimos que las futuras apenas podrán ser peor. Ni ella ni yo nos apegamos a esta vida como para temer a la muerte demasiado, pues tras ella, sea cuando sea que ocurra y nos separe, sabemos que de algún modo volveremos a reunirnos dónde, cómo y cuándo Dios quiera.  Y ya sin presiones disolventes.

El matrimonio, más allá de todas las dificultades, no sólo no es un camino recorrible o posible, sino que es uno de los caminos privilegiados para conocer la felicidad que Dios tiene pensada para nosotros en esta vida, reflejo de la que nos espera en la otra, si el Señor lo considera así. Pero para ello hemos de superar necias fantasías acerca del amor humano como eterno flechazo, seducción y pasión adolescentes, o como proyección de egoísmos a dos. El que busque estas quimeras, se encontrará con la soledad y el fracaso sin paliativos. Insisto, todo en el matrimonio es un reflejo de nuestra relación con el Señor, pues nuestro amor es reflejo del que Dios nos tiene y con el que nos ha creado. Sus expresiones, diversas, no suponen una disolución de su unidad esencial. 

jueves, 11 de agosto de 2016

Lecturas del día, jueves, 11 de agosto. Poema "Rima XXX" de Gustavo Adolfo Bécquer. Breve comentario


Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (12,1-12):

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, vives en la casa rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen; pues son casa rebelde. Tú, hijo de Adán, prepara el ajuar del destierro y emigra a la luz del día, a la vista de todos; a la vista de todos, emigra a otro lugar a ver si lo ven; pues son casa rebelde. Saca tu ajuar, como quien va al destierro, a la luz del día, a la vista de todos, y tú sal al atardecer, a la vista de todos, como quien va al destierro. A la vista de todos, abre un boquete en el muro y saca por allí tu ajuar. Cárgate al hombro el hatillo, a la vista de todos, sácalo en la oscuridad; tápate la cara, para no ver la tierra, porque hago de ti una señal para la casa de Israel.»
Yo hice lo que me mandó: saqué mi ajuar como quien va al destierro, a la luz del día; al atardecer, abrí un boquete en el muro, lo saqué en la oscuridad, me cargué al hombro el hatillo, a la vista de todos.
A la mañana siguiente, me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, la casa rebelde, qué es lo que hacías? Pues respóndeles: "Esto dice el Señor: Este oráculo contra Jerusalén va por el príncipe y por toda la casa de Israel que vive allí." Di: "Soy señal para vosotros; lo que yo he hecho lo tendrán que hacer ellos: irán cautivos al destierro. El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el hatillo, abrirá un boquete en el muro para sacarlo, lo sacará en la oscuridad y se tapará la cara para que no lo reconozcan."»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 77,56-57.58-59.61-62

R/.
No olvidéis las acciones de Dios

Tentaron al Dios Altísimo
y se rebelaron, negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso. R/.

Con sus altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios lo oyó y se indignó,
y rechazó totalmente a Israel. R/.

Abandonó sus valientes al cautiverio,
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la espada,
encolerizado contra su heredad. R/.

Evangelio de mañana

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21–19,1):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debla cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
Cuando acabó Jesús estas palabras, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Palabra del Señor

Poema:
Rima XXX de Gustavo Adolfo Bécquer 

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?"
Y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"

Breve comentario

Perdonar es deber para todo católico. Y perdonar siempre, y perdonar a todos. Y ello por la sencilla razón de que Dios nos perdona de ese modo. Y, más difícil todavía, ese perdón debe anteceder a toda actitud de arrepentimiento del ofensor; es más, si cabe, debemos perdonar sin esperar reparación alguna por las heridas infligidas por aquel. Demasiado difícil para nuestras solas fuerzas, ¿verdad? Bueno, pues es gracia que debemos pedir al Señor, sobre todo cuando los ofensores no son pocos, las ofensas muchas, la reparación ninguna, y cuando para colmo de males se ha de convivir o encontrar a los ofensores en la vida cotidiana día sí y día también, incluso en los entornos más sagrados.

Habría que precisar un poco una afirmación que acabo de escribir más arriba sobre el perdón de Dios. Su perdón no es incondicional, aunque cumpliendo ciertos requisitos, sí puede ser ilimitado. Y los requisitos son el arrepentimiento o sentimiento de contrición y el propósito de enmienda. Perdón que se formaliza mediante el sacramento de la confesión y la asunción de la penitencia impuesta por el sacerdote. Nuestro perdón no puede contar con tales prerrogativas dado que los pecadores somos nosotros, y la fuente de la gracia el Señor. Nuestro perdón debe ser "a pelo", sin ambages, como así fue la muerte del Señor en la cruz para redimirnos de nuestros pecados. Ese alto precio bien merece que seamos generosos con las ofensas que recibamos, aun en las circunstancias más penosas.

Otra cuestión es que, perdonando, debamos permitir el mal evitable. Si es evitable o combatible, el perdón no neutralizará nuestra lucha contra él. Pero, como digo, esa ya es otra cuestión.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Lecturas del día, miércoles, 10 de agosto, san Lorenzo. Poema "Arde Lorenzo y goza en las parrillas..." de Francisco de Quevedo

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9,6-10):

El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta.» El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 111,1-2.5-6.7-8.9

R/.
Dichoso el que se apiada y presta

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo. R/.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos. R/.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (12,24-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Palabra del Señor
 
Poema:
"Arde Lorenzo y goza en las parrillas..." de Francisco de Quevedo
 
Arde Lorenzo y goza en las parrillas;
el tirano en Lorenzo arde y padece,
viendo que su valor constante crece
cuanto crecen las llamas amarillas.


Las brasas multiplica en maravillas
y el sol entre carbones amanece
y en alimento a su verdugo ofrece
guisadas del martirio sus costillas.


A Cristo imita en darse en alimento
a su enemigo, esfuerzo soberano
y ardiente imitación del Sacramento.


Mírale el cielo eternizar lo humano,
y viendo victorioso el vencimiento
menos abrasa que arde el vil tirano.