martes, 9 de agosto de 2016

Lecturas del día, martes, 9 de agosto. Poema "No dejes ir un día..." de Juan Ramón Jiménez. Breve comentario

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (2,8–3,4):

Así dice el Señor: «Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la casa rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.»
Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.
Y me dijo: «Hijo de Adán, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel.»
Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome: «Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy.» Lo comí, y me supo en la boca dulce como la miel.
Y me dijo: «Hijo de Adán, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,14.24.72.103.111.131

R/.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R/.

Tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros. R/.

Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R/.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca! R/.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón. R/.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,1-5.10.12-14):

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Palabra del Señor
 
Poema:
"No dejes ir un día..." de Juan Ramón Jiménez 

No dejes ir un día,
sin cojerle un secreto, grande o breve.
Sea tu vida alerta
descubrimiento cotidiano.
Por cada miga de pan duro
que te dé Dios, tú dale
el diamante más fresco de tu alma.


Breve comentario

Jesús pone como modelo para acceder al reino de los cielos a los niños. ¿Qué caracteriza a un niño, sobre todo a los más pequeños? La inocencia. Los niños no ponen barreras, están abiertos en su ingenuidad al otro con una pureza y transparencia que no conoce doblez: se dan apenas les dirigimos una sonrisa o una mirada; todo es para ellos un descubrimiento cotidiano, todo merece su máxima atención, todo es digno de ser conocido. Con el paso del tiempo, en la medida que van sumando años, ya en la misma infancia, esa inocencia va adquiriendo matices hasta la pérdida de gran parte de la misma con la llegada de la adolescencia. Llegados a la edad adulta, lo que resta son vestigios, apenas nada, en el mejor de los casos.

Volver a ser como niños, recuperar esa capacidad de asombro, de sorpresa y de apertura del alma en plena madurez es casi un imposible. Sin embargo, el Señor nos indica que ese será el camino más recto para obtener nuestra salvación. Debemos volver a ser íntegros en nuestra vida y en relación con la Verdad como lo son los niños desde su inocencia entregada. Y el modo de lograrlo es cultivar, mediante la gracia de Dios, una confianza pueril en Él, es decir, total, una apertura a su voluntad, un fiarnos de Él que es un abandonarse, sabiendo que su amor no nos dejará caer contra el pavimento, como lo haría un padre.

Y para lograrlo, en efecto, debemos hacernos pequeños, necesitados, vulnerables, confiados. Parece una locura, dado el mundo en que vivimos y el entorno que nos rodea. Es evidente que también el Señor en otro pasaje nos señala que, aunque debemos ser sencillos como palomas, también debemos ser astutos como serpientes. Pero en nuestra relación con Dios debemos adquirir o tender al menos a esa transparencia total. Seamos adultos ante las limitaciones que la realidad nos impone a todos, sean las que sean, limitaciones propias de la convivencia sana o del pecado ajeno; pero procuremos ser como niños ante Dios, que buscan que les cojan de la mano para cruzar el mundo y la vida. Con la gracia de Dios, se puede. Pidámosle ser como niños, que nuestro corazón, con el paso de los años, en vez de endurecerse se haga poroso al amor de Dios, para que, cuando Él nos mire, sepamos darle el diamante más fresco de nuestra alma. Que así sea.

domingo, 7 de agosto de 2016

Lecturas del día, domingo, 7 de agosto. Poema "Anoche cuando dormía..." de Antonio Machado. Breve comentario


Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (18,6-9):

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,1.12.18-19.20.22

R/.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (11,1-2.8-19):

La fe es la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven. Por ella recibieron testimonio de admiración los antiguos. Por la fe Abrahán, obedeciendo la llamada divina, partió para un país que recibiría en posesión, y partió sin saber a dónde iba. Por la fe vino a habitar en la tierra prometida como en un país extranjero, viviendo en tiendas de campaña, con Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque él esperaba la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe recibió también Sara el poder de concebir, fuera de la edad propicia, porque creyó; en la fidelidad de aquel que se lo había prometido. Precisamente por esto, de un solo hombre, ya casi muerto, nació una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y como los incontables granos de arena que hay en las playas del mar. Todos éstos murieron en la fe sin haber obtenido la realización de las promesas, pero habiéndolas visto y saludado de lejos y reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Ahora bien, aquellos que hablan así demuestran claramente que buscan la patria. Y si ellos hubiesen pensado en aquella de la que habían salido, hubiesen tenido oportunidad para volver a ella. Ellos, en cambio, aspiraban a una patria mejor, es decir, celeste. Por eso Dios no se avergüenza de ellos, de llamarse «su Dios», porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; e inmolaba a su hijo único a aquel que había recibido las promesas, a aquel de quien le había sido dicho: De Isaac saldrá una descendencia que llevará tu nombre. Porque pensaba que Dios tiene poder incluso para resucitar a los muertos. Por eso recobró a su hijo. Esto es un símbolo para nosotros.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,32-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

Poema: 
"Anoche cuando dormía..." de Antonio Machado

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.


Breve comentario

"Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón". Este es el centro o la clave del mensaje del evangelio de hoy. Sabiendo cuál es nuestro tesoro, sabiendo cuáles son los contenidos de nuestro corazón, los consejos y advertencias que siguen sobran: ya sabremos cómo comportarnos. Si es Dios, velaremos de forma natural con la esperanza de gozar de su presencia; si son otras realidades, actuaremos en función de las mismas. Es la pregunta más importante que toda persona (no sólo los seguidores de Cristo) debe plantearse en su vida. Y ante ella sólo cabe que cada alma vea en su interior con total sinceridad, y actuar en consecuencia. Donde ponemos el corazón, lo ponemos todo; y lo que haya en el mismo es lo que nos definirá por completo y será lo que dirija nuestras vidas. Que cada uno vea y se responda.

Don Antonio Machado era un hombre que buscaba a Dios. En esa búsqueda, se equivocó mucho. Pero sus equivocaciones siempre fueron, por así decir, epidérmicas, sin raíces; pues moralmente fue un hombre radicalmente bueno. Es verdad que se definía como agnóstico, simpatizante de pensamientos marxistas, etc.; pero su corazón, aun contaminado por estas ideas y vivencias, siempre se mantuvo fiel a esa inquietud de Dios en su vida, y a una natural concepción de la bondad y la maldad, a la cual siempre se atuvo en sus actos. Por ello, este bellísimo, sencillo y certero poema encuadra la experiencia de Dios como en un sueño. Él sólo lo pudo vivir así, como aspiración, como anhelo, no como realidad operante de justicia y amor. A veces, la Iglesia opera alejando a muchos de la experiencia de Dios. El poeta no tenía una buena relación con la Iglesia, a la que no supo ver desde Dios que le hablaba en su corazón, sino como institución humana plagada de intereses bastardos y de hombres falibles. Pero el sueño machadiano, mucho más allá de los cristianos pecadores que conoció y padeció, era muy real.

Más allá de todas las experiencias penosas que podamos acumular, incluso las relacionadas con cristianos pecadores, que sepamos poner nuestro corazón en la Verdad que nos constituye, fundamento de todo amor. Y entonces, actuar en consecuencia. 

sábado, 6 de agosto de 2016

Lecturas del día, sábado, 6 de agosto. Poema "Era una tarde gris" de Concha Zardoya. Breve comentario

Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96,1-2.5-6.9

R/.
El Señor reina altísimo sobre toda la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro (1,16-19):

Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (9,28b-36):

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube.
Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra del Señor
 
Poema:
Era una tarde gris de Concha Zardoya 
 
Era una tarde gris. Y tú pasaste. 
Yo vi tu resplandor, sentí el perfume
de la luz primigenia de tus ojos.
 
Una dulce pureza me dejabas
en la frente mordida por tu rayo,
un desmayado amor, una congoja...
 
Era una tarde gris. No sé si un éxtasis
lavó mi corazón de todo anhelo:
yo vi tu luz pasar... y me moría.
 
Breve comentario
 
¿Qué puede significar la Transfiguración del Señor? En verdad, es un episodio enigmático. Hay ciertas claves que son comunes a otras escenas evangélicas: la montaña, la oración, la soledad buscada, un reducido grupo de escogidos... Pero lo que ocurre es algo de índole sobrenatural, que apenas puede ser siquiera descrito. De hecho, el relato es confuso, pues el observador quedó a su vez afectado por la visión. Se suele interpretar como una leve anticipación de lo que puede ser la contemplación de la gloria de Dios. Y ante tal maravillosa realidad, todo y todos quedan transfigurados, trastornados ante tanta paz y belleza, ante amor tan desconocido como infinito. Ciertas experiencias en la vida son inefables, muy difíciles de compartir, de comunicar, pero que nos han transformado por completo. Y esto es lo que importa, porque pasamos por ellas para ser transformados, no para entenderlas, pues su naturaleza nos desborda por completo. Y aunque la gloria en esta tierra apenas la podemos vislumbrar, en los momentos de mayor y más genuina alegría, plenitud, amor, vivimos muy pálidamente, pero de forma imborrable, el gozo que nos puede esperar allá.

viernes, 5 de agosto de 2016

Lecturas del día, viernes, 5 de agosto. Poema "Con tacones altos" de María Elvira Lacaci. Breve comentario

Primera lectura

Lectura de la profecía de Nehemías (2,1.3;3,1-3.6-7):

Mirad sobre los montes los pies del heraldo que pregona la paz, festeja tu fiesta, Judá;
cumple tus votos, porque el criminal no volverá a pasar por ti, pues ha sido aniquilado. Porque el Señor restaura la gloria de Jacob y la gloria de Israel; lo habían desolado los salteadores, habían destruido sus sarmientos. Ay de la ciudad sangrienta, toda ella mentirosa, llena de crueldades, insaciable de despojos. Escuchad: látigos, estrépito de ruedas, caballos al galope, carros rebotando, jinetes al asalto, llamear de espadas, relampagueo de lanzas, muchos heridos, masas de cadáveres, cadáveres sin fin, se tropieza en cadáveres. Arrojaré basura sobre ti, haré de ti un espectáculo vergonzoso. Quien te vea se apartará de ti, diciendo: «Desolada está Nínive, ¿quién lo sentirá?; ¿dónde encontrar quien te consuele?»

Palabra de Dios

Salmo

Dt 32,35cd-36ab.39abcd.41

R/.
Yo doy la muerte y la vida

El día de su perdición se acerca
y su suerte se apresura,
porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos. R/.

Pero ahora mirad: yo soy yo,
y no hay otro fuera de mí;
yo doy la muerte y la vida,
yo desgarro y yo curo. R/.

Cuando afile el relámpago de mi espada
y tome en mi mano la justicia,
haré venganza del enemigo
y daré su paga al adversario. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,24-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

Palabra del Señor
 
Poema:
Con tacones altos de María Elvira Lacaci
 
Y yo llevaba un gorro
muy moderno. Parecía
una extraña cazuela.
Unos tacones leves y muy altos.
Un abrigo atrevido.
Unos guantes y un bolso de color avellana.
Los labios y los ojos pintarrajeados.
No debía de ir mal.

Las mujeres
volvían la cabeza
para mirar la hechura del abrigo.
Los hombres….

Pero yo,
bajo la piel y aquella vestidura de comparsa,
llevaba otro ropaje de un tejido muy denso. Era de angustia.

Y añoré
mi pelo suelto, mis zapatos bajos,
mi abrigo deportivo,
mi tez morena, solamente al agua.

Tú me veías, Dios. Y cómo hablamos.
Yo te decía
que estaba muy ridícula con todo aquello.
Tú dijiste que sí.
Y compartiste
el tan amargo leve movimiento
de mis labios oblicuos.
 
Breve comentario
 
Este pasaje del evangelio de hoy parece de una claridad meridiana, y, sin embargo, deberíamos meditar largamente sobre cada verbo de su mensaje. En verdad, qué quiere decir venirse con Él, negarse a sí mismo, tomar la propia cruz, seguirle, salvarse, perderse, ser enjuiciados por nuestra conducta o nuestros actos. Deberíamos precisar cada término, pues me temo que, pareciendo el mensaje tan transparente, entendamos diversas cosas, pues cada uno va a Jesús, se niega a sí mismo, toma su cruz, le sigue, salva su vida y la pierde por Él, y se comporta de un modo distinto en función de sus circunstancias. El principio es claro, pero la realidad concreta en que se encarna obliga a hacer precisiones (precisiones, que no excepciones). Y desde luego lo que nos está vetado es poner etiquetas a las personas sin conocer su interior, sólo por las apariencias. El interior sólo lo ve Dios, el único que en verdad puede juzgar con conocimiento de causa.
 
Como esto nos llevaría mucho espacio y tiempo, me voy a limitar a aclarar un poco uno sólo de los términos que utiliza Jesús: "y entonces pagará a cada uno según su conducta". ¿Qué entendemos por conducta? ¿Los actos visibles? ¿Los actos frutos de decisiones tomadas en libertad? No es este el lugar para disquisiciones filosóficas en torno al concepto de acto, motivación, responsabilidad, finalidad, etc. Lo que pretendo es algo mucho más simple. Suelo escuchar homilías y leer textos que inciden en esta idea: la fe no es suficiente; una fe sin obras o sin actos, es una fe muerta, y, por tanto, Dios nos condenará en mayor o menor medida o totalmente en función de aquéllos. Así que resulta importante acotar el campo semántico. Que una fe sin obras no es suficiente, está fuera de toda duda para un católico, no así para los protestantes, como es conocido. Pero ¿qué entendemos por obras?

Dios nos dice que podemos pecar de pensamiento, palabra, obra y omisión. Parece, pues, que las obras tienen un terreno más acotado de lo que pensábamos, a no ser que entendamos por obra cualquier manifestación psíquica humana. Pero suele entenderse en esas homilías de las que hablo de obras como conducta visible, como actos de libre decisión. Y si entendemos de esta manera restringida el concepto conducta, resultaría que fácilmente podríamos engañar al Señor cuando compareciésemos ante Él. Como sabemos, Dios ve en lo interno con tanta o más claridad que en lo externo. Y esto que podría resultar en sí mismo aterrador (ya la idea de un Juicio Final es algo objetivamente persecutorio), resulta que ayuda mucho en la matización de nuestra conducta manifiesta. Y ello por razones obvias: porque nuestra conducta está mediada (no digo determinada, pues si hubiera determinación no cabría hablar de libertad ni, por tanto, de responsabilidad ni de acto propiamente dicho) por las acciones de otros, por heridas de mil tipos y grados que padecimos o recibimos pasivamente, por la incapacidad para superar tales experiencias, incapacidad que no siempre es achacable a la maldad del sujeto que alimenta el rencor, la rivalidad, el odio, etc. Si Dios viera sólo nuestras conductas, sin referencia al interior del alma de cada uno, posiblemente muchos que merecerían ser salvados se condenarían, y muchos que merecerían ser condenados se salvarían. Efectivamente, podemos pecar de pensamiento, palabra, obra y omisión; pero precisamente por ello, podemos ser salvos no sólo por nuestras obras, sino por los contenidos de nuestro corazón. Recordemos a S. Pablo que se veía impelido a hacer lo que no quería, y no podía hacer lo que quería (sus famosas espinas que le punzaron el corazón toda su vida).

Sirva como ejemplo encantador el poema de Lacaci y su diálogo con Dios. Las mujeres son maestras en ocultar su mundo interior en aras de lo conveniente, lo adecuado, lo que se espera de ellas, etc. Y Lacaci no era la que parecía, o como decía aquella antigua canción famosa "yo no soy esa que tú te imaginas".

jueves, 4 de agosto de 2016

Lecturas del día, jueves, 4 de agosto. Poema "La paz íntima" de Antonio Oliver Belmás. Breve comentario


Primera lectura

Lectura del profeta Jeremías (31,31-34):

Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor–: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: «Reconoce al Señor.» Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor–, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50

R/.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-23):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»

Palabra del Señor

Poema:
La paz íntima de Antonio Oliver Belmás 

Enfría, Señor, mi boca;
Señor, reduce mi brasa;
dame, como te la pido,
concordia de cuerpo y alma.

Frente al perverso oleaje
ponme costados de gracia.
Dame, como te demando,
concordia de cuerpo y alma.

Señor, mitiga mi angustia;
remite, Señor, mi ansia;
dame, como te la clamo,
concordia de cuerpo y alma.

No dejes que los sentidos
me rindan en la batalla.
Señor mío, no me niegues
concordia de cuerpo y alma.
 

Breve comentario

Pedro es puro fuego, un volcán de sentimientos, hombre de una pieza, sencillo, sin doblez. Por eso, cuando acierta, acierta como nadie; y cuando se equivoca, también. En este pasaje pasa de la omnisciencia de reconocer de forma directa al Señor como el Mesías que el pueblo judío llevaba siglos esperando, para, a renglón seguido, poner en duda sus palabras acerca del destino de Aquél. De pasar a ser piedra basal sobre la que el Señor edificó la Iglesia, a apartarle de su lado acusándole de ser Satanás que habla como el más necio de los hombres. Como sabemos, luego, en la Pasión, seguiría dando muestras sobradas de esa naturaleza impetuosa que le hace ser el más fiel seguidor de entre los discípulos y el más traidor de ellos, después de Judas Iscariote, cuando le niega tres veces.

Y es que para ser pastor se exige esa sencillez de corazón. Es cierto que la sencillez puede hacernos errar, y gravemente, como a Pedro; pero rápidamente también, por esa misma sencillez, sabemos corregirnos con diligencia. ¿Y cuando no somos sencillos, que es lo más común? Pues solemos caer en la mediocridad de acertar poquito, fallar poquito, creer poquito, liderar poquito, predicar poquito, amar poquito. Y ser tibio quizá sea una de las cosas que Dios más odia. El Señor no fue tibio en absoluto. Pedro, tampoco: la Verdad nunca es tibia. Dejándose amar por el Señor, poco a poco lo fue puliendo para que su sencillez naciera de una fuente interior más madura y estable, que sus errores fueran menores y que aprendiera de ellos al instante. Y como a Pedro, así el Señor actúa con nosotros, cada uno en sus circunstancias y con las gracias concedidas. 

Seamos sencillos como el Señor nos quiere, cada uno a su forma, pues no nos ha hecho iguales; pero entregados, sin mediocridades, sin sentimientos de superioridad o inferioridad, pues todos los bautizados somos elegidos por su amor. De lo contrario, todo lo que toquemos, todo lo que hagamos o dejemos de hacer, con independencia incluso de la bondad objetiva de nuestros actos, estará manchado por nuestra mediocridad, por esa mediocridad que oculta las abiertas negaciones del sencillo Pedro, aún más radicales que éstas, pues esa ocultación nos impedirá corregirnos con la diligencia debida. Que el Señor nos conceda esa paz íntima para que logremos esa sinceridad de corazón que nos exige y que le debemos.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Lecturas del día, miércoles, 3 de agosto. Poema "Esta tarde, mi bien" de sor Juana Inés de la Cruz. Breve comentario


Primera lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías (31,1-7):

En aquel tiempo –oráculo del Señor–, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán. «Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.» Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: "El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel."»

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10-13

R/.
El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.» R/.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor

Poema:
Esta tarde, mi bien de sor Juana Inés de la Cruz

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;


y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.


Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste


con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.


http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=257&t=Esta+tarde+mi+bien&p=Sor+Juana+In%E9s+de+la+Cruz&o=Ofelia+Medina

Breve comentario

Otra vez el Señor se nos muestra paradójico. ¡Con qué dureza de corazón se dirige a la cananea! Parece algo impropio de su misericordia. ¿Qué nos quiere señalar el Señor con esta actitud aparentemente despiadada con que recibe a esa pobre mujer que le implora? Si el Señor lee en los corazones como en un libro abierto, debería saber antes incluso de que se acercase la enorme fe de aquella humilde mujer. ¿Por qué no le ahorró ese trago humillante de compararla en público con los perros y desecharla como tal de su misericordia? Dios quiere que le manifestemos nuestra fe. Y no por el placer perverso de vernos cómo nos rebajamos ante su infinita autoridad, sino por una razón muy sencilla de entender: porque debemos manifestar al mundo que le amamos. Aquella mujer lo que debía hacer público no era sólo mostrar su necesidad concreta de curar a una hija, sino su necesidad de Dios, su fe, su amor por Él. Cuando ella abre su corazón y derrama ante todos, no sólo ante Dios, su contenido de amor, Dios actúa de inmediato accediendo a su petición, y agradeciendo y encomiando también públicamente el amor recibido por ella.

Al final habría que entender este pasaje como una especie de variante de aquel otro de la luz, el candelero y el celemín. Hemos de salir y manifestar nuestra fe al mundo. Necesitados estamos todos, unos por unas razones y otros por otras; lo relevante es en qué o en quién ponemos nuestra esperanza. Y los cristianos, como en tiempos del Señor, debemos decir al mundo bien alto la razón de nuestras vidas, el nombre que nos salva. 

martes, 2 de agosto de 2016

Lecturas del día, martes, 2 de agosto. Poema "Te busco" de José Luis Hidalgo. Breve comentario


Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (30,1-2.12-15.18-22):

Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: "Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: "Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así." Así dice el Señor: "Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? –oráculo del Señor–. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios."»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 101,16-18.19-21.29 y 22-23

R/.
El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-36):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor

Poema:
Te busco de José Luis Hidalgo

Déjame que, tendido en esta noche,
avance, como un río entre la niebla,
hasta llegar a Ti, Dios de los hombres,
donde las almas de los muertos velan.


Los cuerpos de los tristes que cayeron,
helados y terribles, me rodean;
como muros, encauzan mis orillas,
pero tengo desiertas mis riberas.


Yo no sé dónde estás, pero te busco;
en la noche te busco, y mi alma sueña.
Por los que ya no están, sé que Tú existes
y por ellos mis aguas te desean.


Y sé que, como un mar, a todos bañas:
que las almas de todos Tú reflejas
y que a Ti llegaré cuando mis aguas
den al mar de tus aguas verdaderas.


http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=2863&t=Te+busco&p=Jos%E9+Luis+Hidalgo&o=Fernando+Guill%E9n

Breve comentario

 «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

¿Por qué dudamos después de haber sentido su llamada? ¿Por qué tenemos tan poca fe? Es cierto que andar sobre el agua nos es imposible, y aunque sea el mismo Dios el que nos capacite para ello, la huella de nuestra humanidad se impone incluso a lo nuevo que Él nos ofrece. Nos llama y no oímos; y cuando oímos, apenas creemos. Esta es nuestra tragedia y nuestra lucha, que sólo el Señor puede hacer superable. Sin Él, nos hundimos; pero qué difícil nos resulta desprendernos de nuestros miedos.

En un mundo hostil como el que vivimos (siempre la vida en la tierra ha sido hostil de uno u otro modo), estamos acostumbrados a depender de nosotros mismos. Nada ni nadie nos va a solucionar la vida. Un buen amigo podrá ayudarnos, pero más allá de nuestro entorno más cercano, todo es lucha, competitividad y mucha mucha soledad. No creemos apenas en la gracia que salva, en un amor que nos eleva sobre todos los obstáculos, incluso aunque no los haga desaparecer. No estamos acostumbrados a ser amados con esa gratuidad. Es cierto que el seguimiento de Cristo es asimismo exigente, no incondicional, pero su yugo es mucho más suave y su carga mucho más ligera que aquella con la que el mundo nos corona. Y pudiendo andar, creemos que nos hundimos.

No estamos acostumbrados a Dios. Hemos de seguir rogando por su presencia en nuestras vidas, acercarnos a tocar con la punta de nuestra alma el manto de su amor, como los enfermos y hambrientos que somos. Y cuando Él se allegue a nosotros, rogar que nos dejemos hacer: caminar sobre el agua, predicar en sitios imposibles, amar a quien nos odia, enseñar a quien no comprende o ignora, confiar cuando se hace imposible la confianza... Sólo así se cumplirá los versos del poeta, escritos cuando estaba próximo a morir (y publicados póstumamente) con sólo veintisiete años, víctima de tuberculosis:

"Y sé que, como un mar, a todos bañas:
que las almas de todos Tú reflejas
y que a Ti llegaré cuando mis aguas
den al mar de tus aguas verdaderas."

lunes, 1 de agosto de 2016

Lecturas del día, lunes, 1 de agosto. Poema "Vencedor de mi muerte" de Guillermo Díaz-Plaja. Breve comentario

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (28,1-17):

Al principio del reinado de Sedecías en Judá, el mes quinto, Ananías, hijo de Azur, profeta natural de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de toda la gente: «Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: "Rompo el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar todo el ajuar del templo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, cogió y se llevó a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y a todos los judíos desterrados en Babilonia yo los haré volver a este lugar –oráculo del Señor–, porque romperé el yugo del rey de Babilonia."»
El profeta Jeremías respondió al profeta Ananías, en presencia de los sacerdotes y del pueblo que estaba en el templo; el profeta Jeremías dijo: «Amén, así lo haga el Señor. Que el Señor cumpla tu profecía, trayendo de Babilonia a este lugar todo el ajuar del templo y a todos los desterrados. Pero escucha lo que yo te digo a ti y a todo el pueblo: "Los profetas que nos precedieron, a ti y a mi, desde tiempo inmemorial, profetizaron guerras, calamidades y epidemias a muchos países y a reinos dilatados. Cuando un profeta predecía prosperidad, sólo al cumplirse su profecía era reconocido como profeta enviado realmente por el Señor."»
Entonces Ananías le quitó el yugo del cuello al profeta Jeremías y lo rompió, diciendo en presencia de todo el pueblo: «Así dice el Señor: "Así es como romperé el yugo del rey de Babilonia, que llevan al cuello tantas naciones, antes de dos años."»
El profeta Jeremías se marchó por su camino. Después que el profeta Ananías rompió el yugo del cuello del profeta Jeremías, vino la palabra del Señor a Jeremías: «Ve y dile a Ananías: "Así dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, yo haré un yugo de hierro. Porque así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Pondré yugo de hierro al cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia; y se le someterán, y hasta las bestias del campo le entregaré."»
El profeta Jeremías dijo a Ananías profeta: «Escúchame, Ananías; el Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por eso, así dice el Señor: "Mira: yo te echaré de la superficie de la tierra; este año morirás, porque has predicado rebelión contra el Señor."»
Y el profeta Ananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,29.43.79.80.95.102

R/.
Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad. R/.

No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. R/.

Vuelvan a mi tus fieles
que hacen caso de tus preceptos. R/.

Sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado. R/.

Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus preceptos. R/.

No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor
 
Poema:
Vencedor de mi muerte de Guillermo Díaz-Plaja
 
Aquí me tienes, Señor.
No entiendo nada.
Uno a uno fueron borrándose los milagros de la frente:
la estrella de los Reyes era de cartón
y a los niños no los traía la cigüeña.
Más tarde se doraron mis banderas:
cabelleras rendidas
o monedas de gloria,
iluminaron los paisajes hondos
donde la soledad se hace esperanza.
Un día supe el haz y el envés de cada instante
y quise, aún, que brillase al sol la medalla espléndida.
Más tarde -es ahora-
grito este canto trágico
viendo la honda sima
por la que caigo hacia lo Oscuro.
Esa que enfría los huesos y vacía los ojos.
Esa que es la Definitiva,
frente al Instante de que gozo ahora.
Esa que me hundirá en el silencio,
mientras los tranvías de la ciudad
seguirán llevando a las gentes
hacia sus minúsculas impaciencias.
¿Me reconocerás, Señor, entre tantos y tantos,
cuando yo te grite: estoy aquí?
¿Qué número llevo marcado
en la inmensa hilera que espera tu juicio?
En el segundo de mi muerte,
¿con qué extrañas criaturas
de piel distinta y lengua exótica
ascenderé a tu inmensidad?
¿Cómo será tu ceño cuando explique
la caligrafía de mi existencia?
¿Y cómo he de decirte ¡oh Dios terrible!
la criatura que yo era?
¿Entenderás que las sangres de mis venas
golpearon muchas veces con violencias que no quise?
¿Mirarás mi ansia de nácares,
de claveles tibios, de terciopelos venados,
como un empuje oscuro del que yo mismo no encuentro la clave?
¿Querrás alargar tu misericordia para mis ojos,
un poco más allá del goce que para ellos hiciste
con los azules y los verdes de tus campos, de tus cielos?
¿Y no querrás, Señor, compadecerte
de ese ímpetu
que nos empuja por la existencia?
Flotante sobre tres muchedumbres:
la que ya ha entrado en el túnel oscuro,
la que navega atónita por mapas,
la que habrá de llegar cuando no estemos,
indiferente al reloj y a la brújula;
aquí me tienes, Señor, ¿no me conoces?
¿No me ves agarrado al clavo ardiente
de una fe que vacila?
¿No ves que soy, sobre todas las cosas,
un menesteroso de Eternidad? 
 
Breve comentario 
 
Todos somos menesterosos de Dios. Ay de aquel que crea que no lo necesita: ¡es el más necesitado! Y Dios nos atiende cuando nos acercamos a buscar su ayuda. En muchas ocasiones, la ayuda no llega en el momento o en la forma en que nosotros estamos esperando, pues sólo Él conoce en verdad lo que nos conviene, lo que necesitamos: Él ve donde nuestros ojos no alcanzan. De lo contrario, de seguir nuestros criterios de salvación, no venceríamos a nuestra muerte. Las preguntas que le lanza el poeta, inquietudes de lo más humanas ante el Juicio Final, serán respondidas con la verdad de Dios a la luz de los contenidos de nuestra alma, que Él conoce a la perfección. Si actuamos por hambre, Él nos saciará de modo definitivo; si las motivaciones fueron otras, otras serán las respuestas. En Dios, la misericordia es justicia y la justicia misericordia. Si hubo hambre en nuestro corazón, Dios nos alimentará; si le buscamos, se dejará encontrar; si le rogamos, escuchará: misericordia y justicia como una unidad perfecta, de la que el hombre es incapaz. 

domingo, 31 de julio de 2016

Lecturas del día, domingo, 31 de julio. Poema "Me basta Dios" de Victorino Osende

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiastés (1,2;2,21-23):

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave desgracia. Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 89

R/.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo:
«Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R/.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3,1-5.9-11):

Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría. No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestíos del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,13-21):

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»
Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»
Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»
Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Palabra del Señor
 
Poema:
Me basta Dios de Victorino Osende
 
Me basta Dios: solo este pensamiento
de tal manera el corazón me llena,
que toda dicha a su dulzura ajena,
es causa para mí de más tormento.

En la infinita plenitud que siento
ni el bien me halaga, ni el dolor me apena;
pues nada ya el espíritu encadena
que en sólo Dios ha puesto su contento.

Todo lo estima como inmundo lodo
el alma que de Dios está tocada,
porque en su amor inmenso transformada

sólo vive de amor; y de este modo,
en Dios y para Dios, lo quiere todo,
sin Dios y para sí, no quiere nada.

sábado, 30 de julio de 2016

Lecturas del día, sábado, 30 de julio. Poema "Coronas" de Cristina de Arteaga.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Jeremías (26,11-16.24):

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los príncipes y al pueblo: «Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis oído con vuestros oídos.»
Jeremías respondió a los príncipes y al pueblo: «El Señor me envió a profetizar contra este templo y esta ciudad las palabras que habéis oído. Pero, ahora, enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, escuchad la voz del Señor, vuestro Dios; y el Señor se arrepentirá de la amenaza que pronunció contra vosotros. Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca. Pero, sabedlo bien: si vosotros me matáis, echáis sangre inocente sobre vosotros, sobre esta ciudad y sus habitantes. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras.»
Los príncipes del pueblo dijeron a los sacerdotes y profetas: «Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios.»
Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías, para que no lo entregaran al pueblo para matarlo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68

R/.
Escúchame, Señor, el día de tu favor

Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí. R/.

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,1-12):

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.»
El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Palabra del Señor
 
Poema:
Coronas de Cristina de Arteaga
 
¿Para qué los timbres de sangre y nobleza? 
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des corona, Señor, de grandeza!
.
¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!
.
No pido el laurel que nimba al talento
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!
.
Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que Tú predestinas.
Sólo Tú la tienes.
¡Si me das corona, dámela de espinas!

viernes, 29 de julio de 2016

Lecturas del día, viernes, 29 de julio, santa Marta. Poema "Amaneceres" de Juan Ramón Jiménez. Breve comentario

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,7-16):

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33

R/.
Bendigo al Señor en todo momento

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,19-27):

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Palabra del Señor
 
Poema:
Amaneceres de Juan Ramón Jiménez 

Brisas primaverales
embriagan mi estancia                                
de una áspera fragancia
de hojas verdes, con agua, de rosales.

Aún no da el sol en el papel, escrito
con mano firme y pura,
mientras el noble corazón contrito
trocaba, blando, su amargura
en dulzura...

¡Qué paz y qué ventura!
Amanece, riendo, en lo infinito.

La fronda, ya despierta
y plena de la tropa cristalina
que engarza el alba en su gorjear bendito,
dora su claridad, que aún sueña, oscura;
¡viva esperanza cierta
en que la duda, fúnebre, perdura,
se va a colgar de una expresión divina!...

Canta la codorniz, fresca, allá abajo...
Viene un gorrión a la ventana abierta...
Pienso en Dios...
                          Y trabajo.

Breve comentario

Jesús es toda nuestra fuerza. Si resucitamos cada día a pesar de tantas cosas es por el amor con que Dios nos ama, nos sostiene. Se puede vivir sin Dios, pero es una vida muerta, fallecida a la verdad. La vida no significa no estar muerto, sino sentirse parte de una armonía de amor que nos dió el ser. Quien vive porque la biología certifica que no está muerto, o que se sostiene en la fuerza de su ego (sus proyectos, vanidades, deseos, ilusiones...), vivirá sin saber de su muerte esencial.

Dios nos resucita ya, cada día, de forma silente y humilde, como su paso en su vida encarnada de hombre. No es algo sólo de las postrimerías: Él literalmente nos sostiene. Somos en Él, alentamos en Él, respiramos en Él. "¿Crees esto?"